Fidel Castro y Ernesto Guevara: el encuentro de dos seres extraordinarios

Fidel Castro y Ernesto Guevara en México.

En México comenzó a forjarse la amistad de dos hombres de talla universal

 

Por Rogelio Viera

 A la muerte el Guerrillero Heroico Fidel expresaba “…Che reunía como revolucionario las virtudes que pueden definirse como la más cabal expresión de las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha”

       Fidel Castro, 18 de octubre de 1967, Plaza de la Revolución

¿Cómo fue posible que se encontrarán estos dos grandes revolucionarios?

Chile, Perú, Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Guatemala, son países que recorre el joven argentino Ernesto Guevara de la Serna permitiéndole conocer la pobreza en que viven los humildes y explotados en nuestro continente. En Guatemala conoce a Antonio “Ñico” López, cubano asaltante del cuartel de Bayamo el 26 de julio de 1953, con quien traba fuerte amistad por sus coincidencias políticas y su disposición a luchar por la libertad.

En 1954 es derrocado el gobierno progresista de Jacobo Arbenz. Che se incorpora a las milicias, pero triunfa la reacción y se marcha a México junto al grupo de revolucionarios cubanos que allí se encontraban. En 1955 llegarán los  amnistiados del asalto al cuartel Moncada, para preparar el regreso a Cuba y continuar la lucha.

Una noche de julio de 1955, en la casa de la cubana María Antonia González, calle Emparan, Ciudad México, se produce el encuentro de dos grandes hombres: Fidel Castro Ruz y Ernesto Guevara de la Serna, a quien llaman Che. Diez horas de conversación, hasta el amanecer, son el inicio de la gran amistad que unió a quienes serían, sin proponérselo, paradigmas para los revolucionarios del pasado siglo, el actual y de las futuras generaciones.  El Che ya es un expedicionario del Granma.

De esa etapa Fidel diría:

“Él ya era marxista. Aunque no militaba en ningún partido, era en esa época un marxista de convicción.”

“Era de esas personas a quien todos le toman afecto inmediatamente, por su naturalidad, su sencillez, su compañerismo y sus virtudes.”  

 Sobre su inmediata incorporación a la lucha de los cubanos, Fidel dice:

“Nada tiene de extraño su simpatía, si él ha viajado por América del Sur, ha visto lo de Guatemala, ha sido testigo de la intervención norteamericana, sabe de nuestra lucha en Cuba, sabe como pensamos. Llegamos, conversé con él, y allí mismo se unió a nosotros.”

Dicho así parece muy sencillo, pero del impacto de esta conversación, ver la sinceridad y pureza del movimiento que encabeza Fidel, sus cualidades como líder, está el testimonio del propio Che en el poema que le dedica a Fidel en 1956, cuando se prepara la partida y en el que plasma su premonitoria visión de lo que, bajo la dirección de Fidel, enfrentará la Revolución Cubana.

 

CANTO A FIDEL

 

Vámonos,

ardiente profeta de la aurora,

por recónditos senderos inalámbricos

a liberar el verde caimán que tanto amas.

 

Vámonos,

derrotando afrentas con la frente

plena de martianas estrellas insurrectas,

juremos lograr el triunfo o encontrar la muerte.

Cuando suene el primer disparo y se despierte

en virginal asombro la manigua entera,

allí a tu lado, serenos combatientes,

nos tendrás.

 

Cuando tu voz derrame hacia los cuatro vientos

reforma agraria, justicia, pan, libertad,

allí, a tu lado, con idénticos acentos,

nos tendrás.

 

Y cuando llegue al final de la jornada

la sanitaria operación contra el tirano,

allí, a tu lado, aguardando la postrer batalla,

nos tendrás.

 

El día que la fiera se lama el flanco herido

donde el dardo nacionalizador le dé,

allí, a tu lado, con el corazón altivo,

nos tendrás.

 

No pienses que puedan menguar nuestra entereza

las decoradas pulgas armadas con regalos,

pedimos un fusil, sus balas y una peña,

nada más.

 

Y si en nuestro camino se interpone el hierro,

pedimos un sudario de cubanas lágrimas

para que se cubran los guerrilleros huesos

en el tránsito a la historia americana.

 

                                                Che

                                 México, 1956.

 

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