México: se impone unidad nacional ante el muro de la ignominia

El pueblo mexicano protesta por humillaciones de Donald Trump
Por Mariela Pérez Valenzuela
El pueblo mexicano, que desde hace meses se hace presente en las calles por las contradicciones con el gobierno de Enrique Peña Nieto con el sector educativo y el aumento de las tarifas de la gasolina, ahora vuelve a la carga en protesta por las medidas discriminatorias y humillantes en su contra adoptadas por el nuevo presidente estadounidense Donald Trump.
Antes de que asumiera el pasado día 20, Trump, un obeso y platinado multimillonario del sector inmobiliario, inexperto en lides políticas pero con un gabinete de figuras de extrema derecha representantes de la línea más dura del Partido Republicano, ya había amenazado a México con medidas que de inmediato recibieron el rechazo de la población, más que del gobierno.
Algunos creyeron que el nuevo Mandatario no se atrevería a cumplir su advertencia de levantar un muro de unos mil 500 kilómetros en la frontera entre las dos naciones, el cual debe ser pagado por el Estado mexicano, lo cual informó durante una visita de campaña a la capital mexicana.
Bajo la presión popular, al presidente Peña Nieto no le quedó otra alternativa que suspender una visita programada a Washington el pasado día 31, tras advertir que su país no pagará un céntimo por una empalizada que se construirá de manera unilateral –ya las trasnacionales del sector luchan por ser beneficiados-, una tímida respuesta que desbocó al líder de los republicanos.
Trump, quien es repudiado por sus medidas en una gran parte del planeta, con la prepotencia habitual de los imperialistas, aseguró que si los mexicanos no pagan lo que ni pidieron ni desean –la valla cuesta entre 15 mil y 25 mil millones de dólares-, el impondrá impuestos de hasta un 20% a los productos procedentes del vecino país que ingresen a Estados Unidos.
Analistas coinciden en que el llamado Muro de Trump es absolutamente inútil en la práctica para evitar la emigración hacia Estados Unidos, no solo de México, sino de miles de personas procedentes de Centro y Suramérica, ya que existen infinidad de túneles cavados con esos fines, que hasta ahora burlan las medidas vigentes de los rubios vecinos. Por esos pasadizos pasa, también, la droga procedente de esos países latinoamericanos hacia Norteamérica, armas, los delincuentes y otras figuras de los grupos mafiosos.
Pero no satisfecho con el disgusto colectivo fomentado en el pueblo mexicano con su actitud xenófoba y discriminatoria, acrecentado con la expulsión de Estados Unidos de indocumentados, el Presidente advirtió que revisará el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), firmado por su nación con México y Canadá hace dos décadas.
En realidad, durante años los mexicanos han luchado contra el TLCAN que ha arruinado a millares de campesinos, pues la mejor parte del pastel la tomaron las dos grandes naciones norteñas.
Si Trump decide pasar revista al TLCAN no será precisamente para mejorar la situación de los explotados agricultores sino para determinar como puede obtener más ganancias para los capitalistas, ya que ha sido claro en su política nacionalista aunque tenga que pisotear los derechos de otros pueblos y naciones.
Así que nadie piense que la oposición a los TLC del magnate llegado de sorpresa a la Casa Blanca, incluso cuando tenía dos millones menos de votos populares que su rival Hillary Clinton, esconde algún sentimiento de equilibrar los mecanismos de esos organismos para favorecer a las economías más débiles. Por el contrario, se trata de una mayor destrucción de la infraestructura mexicana y mayor sumisión a Estados Unidos y a la reestructuración productiva propuesta por el multimillonario jefe de la Casa Blanca.
México solo podría salir de esta crisis si logra la unidad nacional de sus partidos políticos alternativos, y sus organizaciones populares, y no la proclamada por los grupos tradicionales, algunos impulsados solo por la cercanía de las elecciones presidenciales del próximo año.
Es importante, dicen expertos, que esa unión tan necesaria podría surgir del entendimiento entre los distintos sectores de la sociedad mexicana, durante años sumida en un casi absoluto mutismo.
Para algunos expertos, existe ahora para México la posibilidad de crear un frente anticapitalista –en el cual Peña Nieto y su gabinete, deben quedar peor parados de lo que están- y llamar la atención mundial más aun sobre la actitud discriminadora y desafiante de Trump, rechazada en primer lugar en su propio país, ya que en pocos días dio un giro negativo a conquistas sociales que beneficiaban a los estadounidenses pobres.
No se trata solo de la expulsión de los emigrantes, de la negativa al arribo a las fronteras estadounidenses de ciudadanos de siete países, casi todos de religión musulmana, sino de la pérdida de la seguridad médica para más de 20 millones de personas, la ilegalidad del aborto, entre otras acciones que mantienen en las calles a millares de personas en distintas ciudades.
Desde hace años el descontento social se expresa en México en multitudinarias y espontáneas movilizaciones –por una educación gratuita y de calidad, por la desaparición de los 43 estudiantes, por las altas tarifas, por la negativa a la privatización de PEMEX la estatal petrolera-.
Estas expresiones de inconformidad, que mantienen una baja aprobación al gobierno de Peña Nieto y lo que este representa, deberá convertirse, con el paso de los días, en un gran frente político integrado por organizaciones campesinas, obreras y estudiantiles en concordancia con la magnitud de la crisis nacional, ahora acrecentada por un político al cual le molestan los descendientes de indígenas de piel prieta y curtida que viven no solo en México, sino en la multirracial y siempre codiciada América Latina.