El papel social del novelista: reflexiones de Carpentier en torno a la novela (Parte II)

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Una de las novelas más importante de la obra de Carpentier.

Carpentier aspiraba a conformar una unidad los temas abordados en sus novelas por la forma de reflejar la realidad americana a través de la literatura

Por: Rubén Ricardo Infante

 

A lo largo de este artículo, Carpentier insiste en el retraso de los novelistas respecto a los temas de los cuales se nutren como materia prima para sus obras. Pero el caso de América Latina no es único, el propio escritor ya ha estudiado el desarrollo de la literatura rusa y sabe que:

Los escritores soviéticos –Vsevolod Ivánov, Bábel, Leonov…–tardaron muchso años en sincronizar sus anhelos creadores con los acontecimientos que habían contemplado o contemplaban a la hora de llevar la visión a las cuartillas. Lo cual no impidió, sin embargo, que, aunque con un cierto retraso entre lo visto y lo escrito –eso que Valéry Larbaud llamaba «un problema de balística»–, forjaron los libros clásicos de una autentica literatura revolucionaria. (Carpentier, 2004: 33)

Así pensaba sobre los modos de creación y escritura dentro de la literatura soviética, panorama bien distinto al ámbito latinoamericano, pues el propio Carpentier reconoce que:

Difícil es escribir novelas sobre las ciudades latinoamericanas por una razón bien sencilla: hay que descubrirlo todo y hay que verlo todo, es decir: hay que descubrir aspectos de la arquitectura, aspectos de la vida, aspectos, diríamos, del ritmo general de una ciudad que no tiene antecedentes novelísticos. Fácil es escribir una novela sobre Toledo; fácil es escribir una novela sobre París; fácil es escribir una novela que transcurra en una ciudad-museo como Venecia o Brujas: tenemos una pintura que nos ayuda a definir esos lugares de acción, tenemos una tradición literaria, tenemos una cantidad de elementos a los que puede echarse mano…Las ciudades nuestras, lo repito, son difíciles de pintar…Y pintarlas, mostrarlas, revelarlas, universalizarlas, constituye una de las hazañas más difíciles para el novelista latinoamericano contemporáneo. (Gutiérrez, 2004: 7)

Bajo esa pretensión de atrapar el espíritu de las ciudades latinoamericanas se esconde una de las aspiraciones de muchos de nuestros novelistas, pues dejar testimonio escrito de una época es una de las grandes virtudes que puede –debe– poseer una novela. La historia de cualquier país no se construye únicamente con los materiales para la enseñanza de la historia. Aquí la literatura, y la novela en especial, pueden contribuir a conformar un mapa de la historia, ficcionada con los elementos propios de la creación literaria. Los novelistas que acompañan a una época pueden ser los testigos más fieles que esta tenga, y el desarrollo de su obra, particular o colectiva, se inserta en la tradición literaria de la nación, dejando constancia de lo acontecido. «Una tradición de la novela existe, no lo olvidemos, cuando hay un movimiento de la novela, una escuela de la novela, una evolución de la novela». (Carpentier, 2004: 37)

El ensayista Alberto Garrandés en su libro El concierto de las fabulas, donde analiza los discursos, la historia y la imaginación en la narrativa cubana de los años sesenta, dedica un epígrafe, titulado «Un triunvirato inexorable», para ubicar tres novelas claves en el escenario de la década: El siglo de las luces de Alejo Carpentier en 1962, Paradiso de José Lezama Lima en 1966 y, un año después, Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante; y considera a estos tres autores como pilares de la narrativa cubana de todos los tiempos, pilares que se integran en aquel concepto de Carpentier donde manifestaba su criterio de que solo la creación de un movimiento de la novela puede disparar los resortes dentro de la escuela y la evolución del genero hasta conformar una tradición.

Garrandés define a estos tres textos como poseedores de una «notable disparidad y extraordinario vigor aglutinante –en cuanto a poética, ejecución estilística y perspectiva estética—en un segmento histórico transitivo, donde estaban formándose ciertas ideas acerca de los literario de acuerdo con la índole de una nueva realidad». (Garrandés, 2008: 222)

En los estudios acerca de la obra de Carpentier sobresale el hecho –que muchos críticos coinciden en señalar—de que la concepción general de la obra del autor de La consagración de la primavera se basa en el criterio ofrecido por Roland Barthes: «la historia de un novelista es la historia de un tema y sus variaciones», pues, al detenerse en los tres campos fundamentales de la creación a las que dedica el escritor: «se vislumbran con claridad las nociones esenciales que desarrollará cabalmente en su obra narrativa y ensayística posterior, desde posiciones, por supuesto, sometidas a las transformaciones y adecuaciones de una evolución». (Padura, 1994: 20-21)

Con su obra, Carpentier aspiraba a conformar una unidad, dada en primera instancia por los temas abordados en sus novelas, e igualmente por la forma de reflejar la realidad americana a través de la literatura. En ese intento por atrapar el punto cardinal de la novela en el continente, es donde puso sus mayores esfuerzos, considerando que solo con la confluencia de una serie de obras literarias era posible hablar de sentimientos y preocupaciones globales en América Latina.

Referencias:

Carpentier, A. (2004): “Literatura y Revolución”. En: Materiales de la Revista Casa de las Américas. La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas.

Carpentier, A. (2004): “Papel social del novelista”. En: Materiales de la Revista Casa de las Américas. La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas.

Sarusky, J. (2004): “Carpentier en los otros”. En: La Gaceta de Cuba (no. 6). La Habana: UNEAC.

 

 

 

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