Colombia facilita entrada de OTAN
El Premio Nobel de la Paz Juan Manuel Santos propicia presencia del órgano militar

Mariela Pérez Valenzuela
La celebración del presidente colombiano Juan Manuel Santos por el inicio de las conversaciones con la OTAN para la suscripción de un acuerdo militar, a todas luces propiciador de la injerencia extranjera en América Latina, es un golpe por la espalda a los preceptos de paz suscritos por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en 2014 y a la soberanía de su país.
Más paradójico aun que un político de la experiencia de Santos, Premio Nobel de la Paz 2016, sea precisamente el que propicie la entrada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la región catalogada como Zona de Paz en la reunión efectuada en La Habana hace dos años, con la aprobación de todos los Estados miembros.
Se trata, dijo el Presidente, de un pacto para la lucha contra el narcotráfico (esa historia ya se contó con el Plan Colombia con supuesto igual propósito pero era para aniquilar la guerrilla) y el terrorismo y el crimen transnacional. Son evidentes pretextos para darle entrada a la organización militar fundada en 1949 luego de la II Guerra Mundial, y que en la actualidad aparece como el brazo armado de la Unión Europea con su aliado Estados Unidos a la cabeza.
La OTAN ha intervenido en las guerras inventadas por Estados Unidos en el Oriente Medio y África, que han causado la destrucción de gobiernos y países, de la muerte y heridas de millones de personas y el desplazamiento de otras tantas. Eso es lo que Santos pretende ahora importar a América Latina bajo el ridículo disfraz de lucha contra los traficantes.
La postura del Nobel es rechazada no solo en la nación suramericana, que ahora hace un entretejido jurídico para fortalecer el Acuerdo final de Paz del gobierno con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), pero que también se ve amenazada por la posible entrada de militares extranjeros.
¿Qué garantías puede brindarle Santos a miles de guerrilleros desmovilizados, sin armas, dispuestos a pasar a la vida civil, si contra ellos pueden operar, además de los grupos paramilitares que nada hace para eliminar, los soldados llegados de otros lares a quienes, por sus doctrinas, les resulta fácil matar a un supuesto narcotraficante cuando en realidad es un desmovilizado?. Ninguna. De ahí que el jefe de la organización guerrillera Rodrigo Londoño, conocido como Timoleón Jiménez, calificara este primer memorando de tal naturaleza firmado por una nación latinoamericana con el bloque militar como “otro paso atrás en materia de soberanía e independencia”.
En Colombia hay siete bases militares de Estados Unidos, por si mismas una amenaza a la paz regional ya que se trata de un país fronterizo. En un comunicado, Londoño precisó que nada hay que celebrar –como hizo el Mandatario- por el inicio de las conversaciones que atarán a Colombia al aparato militar, cuando existen en la región mecanismos integracionistas que darían respuestas a las inquietudes, no solo colombianas, sobre el narcotráfico, como la Celac y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), a las que pertenece como miembro pleno.
La oligarquía colombiana, precisó, pretende aprovechar el fin de la guerra “para la entronización absoluta del neoliberalismo, la entrega del Estado y de nuestras riquezas naturales al gran capital financiero transnacional y nacional, incluida la mano de obra colombiana, para lo cual requerirá del empleo de un aparato militar y policial de enorme significación, el cual juzga relegitimado con los Acuerdos de La Habana”.
Las reacciones de políticos colombianos defensores de la paz en rechazo a la postura entreguista de Santos fueron inmediatas en las voces del senador Iván Cepeda y la defensora de los derechos humanos, la abogada Piedad Córdova, quienes alertaron sobre los graves peligros a que se enfrenta el país en manos de un bloque militar conocido por su espíritu injerencista y fomentador de guerras. Varios políticos y gobiernos de América Latina también se pronunciaron ante la gravedad de los hechos. El gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro emitió un comunicado este viernes en el que expresó “su preocupación” por el acercamiento de Colombia a la OTAN.
La cancillería de Caracas precisó que “Es altamente alarmante que se recurra a la OTAN, a sus nefastas credenciales de graves y masivas violaciones a los derechos humanos, y que cuenta además con tecnología y capacidades nucleares, para “modernizar” las fuerzas armadas colombianas y combatir el crimen organizado transnacional”.
El presidente boliviano Evo Morales solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Unasur para analizar la situación creada por Colombia. Morales se preguntó: ¿cómo es posible que Colombia pida ser parte de la OTAN? ¿Para qué? Para agredir a Latinoamérica, para someter a Latinoamérica, para que nos invada la OTAN como ha invadido en Europa y África”. “Que un país latinoamericano quiera incorporarse a la OTAN será instrumento de una política para debilitar y tratar de destruir el proceso de unidad que vive la región”, afirmó, por su parte, el mandatario de Nicaragua, Daniel Ortega.
Para analistas, el gobierno de Santos, como antes otros, aliado incondicional de Estados Unidos, busca propiciar de manera acelerada los planes imperiales de apoderarse de las riquezas naturales de América Latina con el derrocamiento de los gobiernos progresistas de la región, atacados de continuo por la guerra sucia de la derecha local y regional.
En esa área geográfica se encuentran importantes yacimientos de petróleo, hidrocarburos, diamantes, acuíferos, entre otros recursos no disponibles en naciones desarrolladas, y que en estos momentos son propiedad del pueblo, como en Venezuela y Bolivia, por citar dos ejemplos.
La actitud colombiana es un quiebre a los principios de paz de la región y de su propio país, ahora en peligro de perder su independencia y seguridad nacional, seguramente a cambio de dinero, una escena ya conocida cuando Estados Unidos le entregó billones de dólares durante el Plan Colombia, que no fue destinado precisamente a los campesinos que, según se dijo, eran los principales culpables de la siembra de coca.
Santos, que se dijo pasaría a la historia como el gobernante que finalmente consiguió la firma de la paz luego de 52 años de guerra interna, ahora lo hará como el primer político latinoamericano que entregó en bandeja de plata su país a la OTAN.