¿Hasta cuándo solo siete maravillas de la ingeniería civil cubana?

Las grandes obras de ingeniería superan sus usos primigenios y su época,  se convierten en callados testigos de la vida en las ciudades o participantes readaptados a nuevos tiempos y necesidades

 

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Maravillas de la ingeniería cubana

Carlos Heredia Reyes
En 2017 se cumplirán 20 años de que la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC) seleccionó las siete maravillas de la ingeniería civil cubana, entre 37 obras o instalaciones clasificadas como finalistas de un certamen.

En 1997 la Sociedad de Ingenieros Civiles de Cuba  pidió a sus miembros que propusieran aquellas construcciones de mayor relevancia ejecutadas en cualquier etapa de la República, y de ahí salió un conjunto de obras monumentales, consideradas únicas por su magnitud y las soluciones técnicas aplicadas.

Nos referimos al Acueducto de Albear,  al Túnel del Alcantarillado de La Habana, al edificio Focsa, al Túnel de la Bahía de La Habana, a la Carretera Central, al Puente de Bacunayagua y al Viaducto de La Farola, en Guantánamo-Baracoa.

Todas significaron, -y siguen aportando-, progresos económicos, sociales, comunicativos y mejoras en las infraestructuras de su época, y se han ganado un justificado espacio en las historia de la arquitectura y la ingeniería civil en la Isla.

En medio de las motivaciones y extraordinario impacto que entraña para el país, y en particular para su capital, el haber sido elegida internacionalmente Ciudad Maravilla, ojalá pudiera retomarse la idea de sumar nuevas instalaciones a esa clasificación.

Ello sería una manera más de estimular a arquitectos, ingenieros, proyectistas y otros especialistas e instituciones que, en las últimas dos décadas, han creado o diseñado edificaciones bellas, majestuosas y de gran funcionalidad, tanto para la cultura, el turismo, el deporte, la salud, la recreación, las ciencias, el medio ambiente…

Y al confeccionar las propuestas de ese listado sin dudas deben tenerse en cuenta aquellas que han sido rescatadas u objeto de remodelación o conservación, algunas de ellas en el Centro Histórico de La Habana Vieja, o fuera del territorio.

En consonancia con esa observación, no deja de ser cierto que a pesar de los problemas diversos que han golpeado el proceso inversionista en toda Cuba, en muchos de los miembros de la UNAICC, de sus sociedades, subyace un espíritu creativo, de respeto a la calidad, de hacer cosas duraderas y con alto sentido estético.

Muchos visitantes extranjeros se asombran de ese inmenso patrimonio histórico, cultural y social edificado acá, y que también consideran una maravilla de la arquitectura o la ingeniería cubana, al aludir, por ejemplo, al cementerio Cristóbal Colón, al Malecón habanero, al Palacio de Convenciones, al Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, al Jardín Botánico de La Habana, al Gran Parque Metropolitano de La Habana, al teatro Martí, por citar algunos de los ubicados solo en la capital.

Pero bien larga será la relación al incluir las sugerencias llegadas del resto del país, pues prácticamente en todas las provincias hay construcciones monumentales para respetar.

Como diría la colega Marlén González, “las grandes obras transcienden su época, superan sus propósitos y se adaptan al paso del tiempo. Al igual que las buenas obras literarias que siempre tendrán nuevos lectores y las grandes piezas teatrales a las que nunca les faltará un auditorio interesado; las grandes obras de ingeniería superan sus usos primigenios y su época y se convierten en callados testigos de la vida en las ciudades o participantes readaptados a nuevos tiempos y necesidades”.

Fuentes

http://www.ecured.cu/Siete_maravillas_de_la_ingenier%C3%ADa_civil_cubana

https://www.cibercuba.com/lecturas/las-siete-maravillas-de-la-ingenieria-civil-en-cuba

http://www.penultimosdias.com/2008/01/03/las-siete-maravillas-de-la-ingenieria-civil-

 

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