Ciudadanos “bajos en carbono”

Una alternativa, que apela a la conciencia pública para frenar las variaciones del clima

 

ciudades
Cartel

Ángeles Muik

 

Desde que se establecieron los registros climáticos las concentraciones actuales de gases de efecto invernadero en la atmósfera rebasan las 400 partes por millón (ppm).

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente indica que las emisiones en 2030, serán superiores en un 25 por ciento.

Tomando en consideración este dato el calentamiento global podría rebasar los dos grados de temperatura respecto al nivel necesario para mantenernos por debajo de esta tendencia.

En estas condiciones, se requiere hacer una revisión de valores y construir espacios ciudadanos donde haya mayor conciencia sobre la necesidad de disminuir la huella de carbono.

Entre las propuestas encaminadas al fomento de la sensibilidad pública convertirnos en ciudadanos “bajos en carbono” (personas responsables con el planeta) es una “poderosa” alternativa para frenar las consecuencias tangibles del desequilibrio del clima en la Tierra.

Estos ciudadanos se muestran dispuestos a cambiar sus hábitos, a ser más amigables con el planeta, y a replantearse la manera en la que se mueven en sus ciudades para contaminar menos y bajar los residuales gaseosos.

A veces subestimamos el rol que tiene el ciudadano para mejorar la calidad del aire de las ciudades donde habita. No nos damos cuenta de lo eficaces que somos para reducir la estela de contaminación que trae aparejados el incremento de los niveles de carbono atmosférico.

Hay que volver al discurso de calle y conducirnos de una forma menos impactante para el medioambiente.

Para convertirnos en ciudadanos bajos en carbono hay que derribar muchos estigmas y empezar a intervenir sin contaminar.

Las oportunidades para redireccionar el barco, apelar a la creatividad y mirar al otro son diversas, porque hay mucha gente que está haciendo cosas importantes.

Pequeñas modificaciones cotidianas nos hacen incorporar decisiones simples a nuestras vidas, pero repletas de mucha voluntad como compartir el carro, utilizar más las bicicletas o, sencillamente, caminar bajo la fronda de los árboles que aún cobijan las múltiples caras de una ciudad.

Fuentes: Conexión COP, WEB del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y nota de prensa del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), de Cuba.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cinco × cuatro =