Fidel en mi corazón

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Por Inés María Miranda Alfonso

Junto al amor y calor familiar, uno muy cerca también me cobijaba. Nací y Fidel ya era parte de mi vida, aquel hombre que levanta pueblos, que inspira confianza, que aglutina multitudes en torno a una acción, una causa, una idea.

El hombre más solidario que haya conocido, que nos enseñó a compartir lo que teníamos. El que sentía en carne propia el sufrimiento ajeno y no lo aceptaba: cuerpo, mente y alma se le iba en ello. Allí está África para corroborarlo y su amigo Mandela y más cerca la Patria Grande por la que tanto hizo, hace y que le retribuyó con un hijo y mejor amigo de Cuba: el Comandante Hugo Chávez.

Fidel, orgullo de su pueblo que vibró en cada una de sus alocuciones antes y después del Primero de Enero, en la ONU, en las cumbres iberoamericanas y de la tierra, en los encuentros vividos en otras latitudes, en sus importantes reflexiones.

El hombre noble, sabio, valiente y trasparente, honesto, humano siempre y amigo de sus amigos que vestía de verde olivo en honor a los rebeldes que como él conquistaron la Sierra Maestra.

El hombre que igualmente junto a su pueblo vivió las penurias del llamado Periodo Especial. El hombre que impresionaba por su estatura y locuacidad, pero también por su modestia e incluso timidez.

El revolucionario íntegro, convertido en líder mundial. El estadista más mediático del siglo XX. Ese hombre, no ha muerto. Me resisto a creerlo. Cuando se trata de Fidel la muerte no es verdad porque nació para vencer y no para ser vencido. Ese hombre extraordinario, imprescindible que se multiplica en millones, siempre encontrará cobija en mi corazón.

 

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