Elecciones presidenciales en Haití

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Haití, donde no hay una guerra interna, vive sin embargo una crisis humanitaria de grandes dimensiones.

Este domingo 20, unos seis millones de haitianos acuden a las urnas

 

Por Mariela Pérez Valenzuela

En medio del desamparo en que el reciente huracán Mattews dejó a Haití, unos seis millones de sus habitantes están convocados a las urnas para elegir a su nuevo presidente, quien debe tener entre sus prioridades la eventual recuperación del país más pobre del hemisferio occidental.

La carencia de una estructura gubernamental que priorice al ser humano, la falta de ayuda internacional, salvo excepciones, la destrucción del país primero por el terremoto de 2010 con millares de muertes y ahora un huracán, constituyen un escenario casi macabro en esta nación caribeña que ostenta el honor de ser la primera en hacer una revolución contra el colonialismo europeo.

Haití, donde no hay una guerra interna, vive sin embargo una crisis humanitaria de grandes dimensiones. El 80 por ciento de su población apenas posee lo mínimo, pues carecen de elementos imprescindibles para la subsistencia, como es la vivienda, el agua potable, la alimentación adecuada.

De ahí que no sorprenda el poco interés de los haitianos en unos comicios pospuestos en tres ocasiones por causas que van desde la acusación de fraude y su posterior invalidez, o el paso de un fenómeno de la Naturaleza, como el ocurrido el pasado mes, cuando aún hay miles de refugiados en carpas como resultado del terremoto.

El Consejo Electoral Provisional informó que más de una veintena de candidatos aspiran a la Primera Magistratura,  pero se consideran con mayores simpatías a Maryse Narcisse, de la Familia Lavalas, agrupación del expresidente Jean Bertrand Aristide, Jude Celestin, de la Liga Alternativa por el Progreso y Emancipación Haitiana (Lapeh); Jovenel Moise, del Partido Haitiano Tet Kale (PHTK), Jean Henry Ceant, de la formación Renmen Ayiti; y Edmonde Beauzile del Fusión de los Socialdemócrata.

Para ganar, se precisa que uno de los aspirantes rebase el 50% más uno de los votos. De lo contrario, habrá una segunda vuelta de dos contrincantes el 29 de enero del 2017.

De acuerdo con el ente electoral, a las urnas están llamadas seis millones 189 mil personas, que podrán ejercer el voto en 201 mil 501 colegios habilitados.

Sabido es que en Haití se mantiene la intervención militar llamada de manera eufemística Misión de Estabilización de la ONU en Haití (MINUSTAH), enviada en el 2004 para supuestamente mantener la estabilidad nacional luego de que en una sucia maniobra Estados Unidos, Francia y Reino Unido obligaran al presidente constitucional Jean Bertrand Arístides a abandonar el país.

Soldados nepalíes miembros de la MINUSTAH fueron los que introdujeron el cólera en la nación caribeña, donde la enfermedad era casi desconocida. Este año la ONU se vio obligada a reconocer que es su responsabilidad la llegada del cólera al empobrecido país –sin agua potable- que causó hasta ahora más de nueve mil muertos y se recrudeció con la contaminación de las aguas debido al ciclón.

Las fuerzas extranjeras, que al parecer no tienen intenciones de abandonar a Haití, a pesar de las acusaciones de represión interna y de violaciones de niñas y niños por sus fuerzas, tendrán a su cargo el cuidado de los comicios, junto a unos nueve mil 500 policías distribuidos en el territorio nacional.

El próximo gobierno haitiano tiene ante sí una ardua tarea, pues la prioridad deberá ser tratar de recuperar las grandes pérdidas materiales ocasionadas por los fenómenos naturales, que mantiene a esta porción de la isla La Española –que comparte con República Dominicana- en fase de calamidad pública.

En la actualidad, y según datos de la UNICEF, en Haití la vida de medio millón de niños está en peligro, pues carecen de un hogar, tienen hambre, sus escuelas están destruidas, y son proclives a contraer el cólera, que ya padecen más de mil de ellos, además de otras enfermedades predecibles.

Marc Vincent, representante de la UNICEF en esa nación, afirmó que el paso del Mattehw cuando aún no había resueltos los problemas emanados del terremoto de hace seis años, dejó a los haitianos sin cultivos ni ganado en las áreas de mayor afectación.

En Haití existe una enorme desigualdad social, una de las causas de la pobreza que agobia a su población, al parecer olvidada por la comunidad internacional, salvo algunos países, como Cuba, Ecuador y Venezuela, que han mostrado su solidaridad con la población más vulnerable, a la que ha llegado  ayuda médica, constructiva, y en otros renglones.

Esa nación caribeña posee un gobierno provisional organizado desde que el presidente saliente Michel Martelly entregó su banda al concluir su mandato, aún consciente de que carecía de sustituto.

 

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