El documental ante la difuminación de sus fronteras

Un análisis de las distintas clasificaciones del documental propone el texto a partir de su cercanía con los terrenos de la ficción

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El origen del cine documental se considera a partir de Nanuk el esquimal (1922). Foto tomada de Google.

Rubén Ricardo Infante y Gustavo Arias Quiñones

El origen del cine documental –un tema cargado de polémicas y distintas versiones– se considera a partir de Nanuk el esquimal (1922), y el nacimiento de una teoría que acompañe al género se concibe cuando en la segunda década del siglo XX se comenzó a emplear con asiduidad.

El término documental atribuido a John Grierson, se acuñó en un artículo de 1926 sobre el segundo filme de Robert Flaherty, Moana. El propio Grierson abrió el camino hacia los estudios teóricos sobre el documental, señalando que “en su uso del artículo vivo existe así mismo una oportunidad de realizar un trabajo creativo”. (Grierson, 2005) Y que “el documental puede obtener un intimismo de conocimiento y de efecto que le sería imposible a la mecánica del estudio”.

Aunque hay que significar que, desde el inicio del cine, la mirada documental estuvo presente, porque el objeto de estudio de los realizadores era retratar la cotidianidad. Tomando como ejemplo los hermanos Lumiere inventores del cinematógrafo, la existencia del documental se remonta a los propios inicios del cine. Cortometrajes como Trabajadores saliendo de la Fábrica y La llegada del tren, ya captan pasajes de la realidad sin mayores pretensiones o artificios.

Inicialmente las discusiones teóricas se concentraron en la búsqueda de una definición. Se entendió el documental, en un primer momento, como una forma audiovisual que muestra o representa determinado aspecto de la realidad. En la medida que el documental fue creciendo en cuanto a producción, formas de hacer y búsquedas temático-estéticas, se terminó por comprender que:

El documental como concepto o práctica no ocupa un territorio fijo. No moviliza un inventario finito de técnicas, no aborda un número establecido de temas y no adopta una taxonomía conocida en detalle de formas, estilos o modalidades. El propio término, documental, debe construirse de un modo muy similar al mundo que conocemos y compartimos. La práctica documental es el lugar de oposición y cambio. De mayor importancia que la finalidad ontológica de una definición —con qué acierto capta la «esencia» del documental — es el objetivo que se persigue con una definición y la facilidad con que ésta sitúa y aborda cuestiones de importancia, las que quedan pendientes del pasado y las que plantea el presente. (Nichols, 1997)

Definir y clasificar al documental, dentro de un marco que sea definitorio y complaciente para todas las esferas, se ha convertido en tarea arduo complicada para estudiosos y académicos del sector. Con la emergencia del nuevo cine documental y sus múltiples formas, resulta más complicado establecer una definición unánime.

El documental ha sido siempre relegado a un segundo término respecto al cine de ficción, ha experimentado históricamente problemas de reconocimiento como género cinematográfico. Desde la aparición de la televisión, el documental pareció encontrar un lugar donde refugiarse, pero la evolución de la pequeña pantalla hacia el terreno comercial no ha hecho sino diluir las fronteras entre lo divulgativo y lo cinematográfico.

Durante los últimos años los documentalistas han cruzado las fronteras narrativas afirmando que el cine posee valor documental en sí mismo, aunque se trate de una historia narrativa planteada desde la ficción, en la captación quedaran registradas una serie de cuestiones que hacen referencias a aspectos técnicos.

La tensión adopta la estructura narrativa del documental para variar los formatos de sus contenidos. Los medios masivos de comunicación cumplirán un papel decisivo y estratégico al ser usados para interpretar desde el estado al “pueblo”, quien la última llenaría de sentido y legitimidad la idea de nación. “La televisión es establecida para ser el medio de comunicación del entretenimiento”.

La televisión es y ha sido la principal fuente de financiación y distribución de los documentales, teniendo en cuenta que desde los inicios de la televisión siempre ha tenido serios compromisos con la exhibición de lo informativo y lo real, analizando las relaciones entre la cultura política y los medios masivos de comunicación esto ha jugado un papel importante en la conformación de una cultura de masas, caracterizado por un sentido político de la manifestación, claramente articulado por intereses económicos.

Notas:

Rubén Ricardo Infante. (Holguín, 1986). Periodista, profesor universitario y colaborador de Radio Metropolitana, La Jiribilla, La Gaceta de Cuba, Esquife, Unión, entre otras publicaciones culturales.

Gustavo Arias Quiñones. (Bogotá, 1992). Documentalista colombiano. Cursa la Maestría en Realización Audiovisual por la Universidad de las Artes de Cuba, bajo la tutoría del Dr. C. Pedro A. Hernández Herrera (Coordinador y profesor de la Maestría).

Nichols, B. (1997): La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental. Barcelona: Paidós.

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