Relecturas de Paradiso a cincuenta años de la novela

Paradiso
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Llegar a La Habana de madrugada, con par de maletas y un solo libro: Paradiso, el ejemplar gastado, la invitación a la lectura…

 

Por Rubén Ricardo Infante

Hace unos años un amigo llegó a casa y me trajo un regalo. Era un regalo extraordinario: un libro. Cuando lo abrí en la primera página había escrito una breve dedicatoria: [Mi primer Paradiso es ahora tu primer Paradiso: “La mano de Baldovina separó los tules de la entrada…” continúa y no te detengas].

Lo cierto es que, entre urgencias de tipo periodístico, académico, cultural… la lectura fue postergada hasta inicios de septiembre del presente año, cuando el libro me propició, además, la condición de habanero adoptado.

Llegar a La Habana de madrugada, con par de maletas y un solo libro: Paradiso, el ejemplar gastado, la invitación a la lectura…el descubrimiento de que hace ya 50 años se publicó en Cuba.

Proseguí la lectura, las claves pautadas por Lezama reafirman que, como escribe Cintio Vitier: “…mientras mejor formación cultural tenga el lector podrá disfrutar más de muchas páginas de Paradiso”. Ahí el porqué de mi demora, aún cuando desconozco si pueda comprenderlo en su dimensión real.

Avanzo, disfruto los placeres de husmear en el libro, y aún más, la sensación de redescubrir las páginas que transité una vez. Esta lectura demanda atención: repasar detalles, pasajes… sumergirse en las descripciones y advertir el constante ir y venir de la narración, donde yace su encanto mayor.

Una novela cumbre del siglo XX cubano, renombrada entre las letras de todos los tiempos arriba a su quincuagésimo aniversario. El silencio se posa sobre ella y un lector que se estrena en sus páginas lo advierte. ¡Prefiero creer que es algo casual!

La cálida celebración debía motivar otras incursiones en el texto, reediciones que abrieran puertas al disfrute… espacios propicios a la polémica y el enriquecimiento. Manos jóvenes, más que las mías, deberían hacer de este, “su Paradiso”.

Nunca he temido al silencio. No importa… sigo transitando las páginas, camino entre sus calles y descubro – cada vez más asombrado– el libro-ciudad, el libro-nación, el libro-universo. Triste aquel no haya vivido su “primer Paradiso.

Nota al pie: Uno de los escasos textos encontrados al respecto fue escrito por Arturo Arango para la revista La Gaceta de Cuba: “Paradiso extraviado”. En el número 3, pertenecientes a los meses mayo-junio, 2016. p. 64.

 

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