¿Respirar o no respirar?

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Los niveles globales de contaminación del aire urbano aumentaron un ocho por ciento, aunque en varias regiones se reportan algunas mejoras.

Ahí está el problema, pues más del 92 por ciento de la población mundial habita en lugares donde la carga contaminante del aire está por encima del límite permisible, según reportes de la OMS

 

Por Ángeles Muik

La calidad del aire que respiramos es uno de los parámetros, que permite conocer si estamos predispuestos a padecer diversas enfermedades de las vías respiratorias u otros padecimientos.

Teniendo en cuenta los resultados de las mediciones realizadas, los indicadores están por encima de lo normal, de acuerdo con los últimos reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el mundo las áreas más riesgosas y carentes de aire limpio se hallan en las regiones mediterráneas, África subsahariana, el sureste asiático y el Pacífico occidental.

La información de la OMS asegura que a nivel global las investigaciones sobre la calidad del aire, en diferentes puntos del planeta registran una carga de partículas contaminantes superior a las normas establecidas como permisibles, por lo cual no cumplen con las directrices de la Organización.

Más del 92 por ciento de la población mundial está expuesta al riesgo. Esta situación resulta un serio problema para la salud pública, ya que la contaminación del aire puede dañar los pulmones, el corazón y el cerebro.

Datos de la OMS indican que alrededor de tres millones de muertes cada año pueden estar vinculadas a la exposición de las personas al aire exterior contaminado.

Sorprende conocer que desde hace algún tiempo los estudios aportan cifras que alertan de estos peligros.

Por ejemplo, en el período 2008 al 2013, los niveles globales de contaminación del aire urbano aumentaron un ocho por ciento, aunque en varias regiones se reportan algunas mejoras.

Aire impuro VS salud mundial

Reportes sobre la cantidad anual de pequeñas partículas en suspensión, que se encuentran en el aire en todo el mundo conforman el nuevo mapa interactivo de la OMS.

La información fue recopilada entre los años 2008 y 2015 usando comprobaciones vía satélite, modelos de transporte aéreo y monitoreo de estaciones terrestres realizadas en 103 países.

De acuerdo con las regulaciones de la OMS sobre la calidad del aire, los niveles de partículas en suspensión más peligrosos, los llamados PM 2.5, deben limitarse a 10 microgramos por metro cúbico.

No obstante, el nuevo mapa pone de manifiesto que el 92 por ciento de la población mundial habita en localidades, donde la contaminación aérea supera los términos mencionados.

Para conocer detalles de lo que significan los PM 2.5 para la salud, en esta categoría se incluyen compuestos químicos como nitratos y sulfatos.

Estas composiciones de naturaleza inorgánica penetran a las vías respiratorias inferiores y pueden afectar los pulmones y el sistema cardiovascular.

Otros estudios paralelos demuestran que existe una correlación entre el incremento de los niveles de PM 2.5 y los riesgos de mortalidad y morbilidad asociados de manera proporcional.

Lo cual se traduce en el hecho de que a mayor cantidad de partículas PM 2.5 mayor es el peligro de muerte.

Tan real es el riesgo que los expertos disponen de evidencias que muestran cómo afecta el PM 2.5 al pulmón y al sistema cardiovascular.

Entre los efectos sobre la salud humana se incluyen las causas y el empeoramiento del asma bronquial, las patologías cardiovasculares y respiratorias crónicas, la hospitalización del paciente e incluso, potencialmente, pueden causar una muerte prematura.

Estas diminutas partículas pueden ingresar y retenerse en los pulmones causando trastornos respiratorios que, en ocasiones, traen aparejadas otras complicaciones.

Asimismo, el efecto acumulativo de los PM 2.5 reduce el peso al nacer y deteriora la función metabólica, cognitiva e inmune.

Prevenir  vulnerabilidades

La contaminación del aire causa millones de muertes al año. Aproximadamente, el 90 por ciento de las defunciones relacionadas con la impureza de los vapores que aspiramos se producen en países de bajos y de medianos ingresos, alerta la OMS.

Pero, aunque la mayoría de las fuentes de contaminación están relacionadas con la actividad humana (industria, construcción, vertimiento poblacional, entre otros), la mala calidad del aire también está en correspondencia  con el polvo natural, las cenizas de la actividad volcánica y las tormentas de arena propias de los ambientes desérticos.

Muchos de los lugares que poseen altos niveles de contaminación cuentan con pocas condiciones tecnológicas.

Esta disyuntiva limita la recopilación de datos, el monitoreo continuo y el seguimiento permanente de la calidad del aire atmosférico.

En esta posición se encuentran la mayoría de los países de África y gran parte de las naciones en vías de crecimiento.

En los países que hoy emprenden el camino hacia el desarrollo, todavía la combustión está muy mal controlada.

La utilización de carburantes como la biomasa,  a partir de la madera, el estiércol y el carbón, de manera imprudente (en interiores), puede causar afectaciones al aire que respiramos.

Sin embargo, esta realidad no es exclusiva del mundo en desarrollo, los estados desarrollados muestran también sus deficiencias, al registrar altos niveles de partículas, de acuerdo con el mapa de la OMS.

En esta posición aparecen las principales ciudades de Europa, como París y Londres, y varias en los Estados Unidos de América, como Los Ángeles, Nueva York y Chicago.

Mejorar sí, pero… ¿cómo?

Frente a los resultados de las investigaciones de la Organización Mundial de la Salud se recomienda evaluar las diferentes fuentes de contaminación.

La información que se obtenga podrá ser utilizada en aras de renovar la calidad del aire en beneficio de la salud pública, una vez tomada en consideración por los organismos reguladores.

Las disposiciones gubernamentales son esenciales para lograr disminuir los niveles de partículas contaminantes.

Las normativas inherentes a la calidad del aire que respiramos y su ejecución y cumplimiento estimularán el desarrollo de tecnologías más limpias e inducirán el uso de dispositivos de control de las emanaciones en las chimeneas y los vehículos de motor.

El mundo necesita energías “verdes” y renovables y en este sentido debemos hacer énfasis en las zonas urbanas, donde el tráfico de vehículos es la principal fuente de contaminación del aire local.

En la ciudad es importante valerse de los combustibles alternativos, reducir el número de vehículos en circulación, compartir autos, incorporar más la bicicleta y utilizar el transporte público o colectivo, así como los vehículos eléctricos.

Fuente: Conexión COP, WEB del PNUMA

 

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