Cómo se manifiesta, previene y combate la pérdida de la memoria

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Por M.Sc. Dr. Alberto Quirantes Hernández *

 

Cualquier persona puede tener olvidos de vez en cuando. Una cita incumplida, un encargo no resuelto, el olvido de un nombre, puede sucederle a cualquiera.

Simplemente se trata de un cerebro normal constantemente clasificando, priorizando, almacenando y tratando de recordar todo tipo de información. Desde la más relevante hasta las de menor importancia.

Casi siempre estas incómodas situaciones se resuelven a entera satisfacción con el empleo, actualizado diariamente, de una simple agenda fechada.

MÁS ALLÁ DE LO NORMAL

Existen momentos donde se debe reflexionar si la pérdida de la memoria no es normal como sucede en los casos donde ya se afectan de manera importante las actividades diarias de una persona.

Si la frecuencia de los olvidos aumenta cada día más o resultan de mayor trascendencia, es hora de tomar cartas en al asunto por parte del propio interesado o de las personas de su entorno más afectivo.

Olvidar el nombre de un familiar cercano, una conversación entera, perderse en una calle conocida  o no recordar dónde se colocaron las llaves de la casa de manera reiterada son señales de alerta.

Si los olvidos empeoran se debe acudir a un profesional de la salud. Puede aun  haber tiempo de recuperación.

LAS CAUSAS DE LOS OLVIDOS

Cualquier cosa capaz de afectar la cognición, proceso de razonar, aprender y recordar, puede afectar la memoria, no importa la edad.

El alcohol, al provocar una deficiencia de vitamina B1 o tiamina, el tabaco y las drogas ilícitas pueden alterar la química del cerebro y afectar la memoria.

Un fuerte estrés negativo, en especial de corte emocional, puede causar pérdida de la memoria transitoria. En casos de mayor envergadura, puede presentarse un trastorno llamado amnesia disociativa.

La persona afectada puede deambular perdida y sin rumbo fijo, incapaz de recordar su nombre, la fecha de su nacimiento u otra información de sus datos personales. Esto por lo general se subsana sin mayores consecuencias una vez superada la afectación emocional.

Los estados depresivos son capaces de provocar una disminución de la atención y de la capacidad para concentrarse, pudiendo afectarse la memoria.

El tratamiento de la depresión con la subsiguiente mejoría del estado de ánimo puede resolver esta situación.

Un dormir insuficiente y de mala calidad así como las deficiencias de determinadas vitaminas derivadas de una mala nutrición como son las vitaminas B1 y B12, a la larga pueden afectar la memoria a cualquier edad.

Existen medicamentos capaces de afectar la memoria como son los sedantes, los antidepresivos, los antihistamínicos o los analgésicos fuertes cuando se ingieren sin un control médico adecuado.

Los golpes en la cabeza como puede suceder en deportes rudos como sucede en  los boxeadores y los jugadores de fútbol americano y en los accidentes con trauma de cráneo, pueden causar una pérdida de la conciencia y de la memoria de manera transitoria.

Los traumatismos reiterados, como en el caso de los deportistas mencionados, puede acarrear una pérdida progresiva de la memoria, entre otros efectos.

Los enfermos con VIH, tuberculosis, sífilis, herpes y otras infecciones de las membranas o la sustancia gris del cerebro pueden experimentar problemas de la memoria, así como en algunas enfermedades de la glándula tiroides.

A determinadas personas se les puede hacer más difícil recordar ciertos tipos de información, como parte del proceso normal de envejecimiento pero no basta para afectar sus actividades diarias.

La forma más grave de pérdida de la memoria es la demencia. Hay una pérdida progresiva  de la memoria y de otros aspectos del pensamiento lo suficientemente graves como para perjudicar las actividades cotidianas diarias. Aunque tiene muchas causas, la más frecuente es la enfermedad de Alzheimer.

PREVENCIÓN Y RECUPERACIÓN DE LA PÉRDIDA DE LA MEMORIA

No fumar, ni consumir alcohol o drogas es una forma excelente de prevenir la pérdida de la memoria.

Se deben mantener hábitos de alimentación y un peso saludables. Comer más verduras de hoja verde, frutas y alimentos integrales y menos grasas saturadas y comida “chatarra”, ayuda a mantener una buena memoria y retardar determinado deterioro cognitivo con el paso de los años.

Además, comer frecuentemente pescado que contengan los beneficiosos ácidos grasos omega 3, como el jurel, el salmón y el atún, puede ser bueno para la salud del cerebro.

Se debe realizar ejercicio regularmente. La actividad física puede ayudar a mantener el flujo sanguíneo hacia el cerebro y reducir los factores de riesgo relacionados con afectaciones de la memoria.

Resulta necesario normalizar los  niveles de colesterol y de la presión arterial pues las enfermedades cerebrovasculares derivadas de un colesterol y presión arterial elevados pueden contribuir a la pérdida progresiva de la memoria.

A todo trance se debe mantener interacciones sociales, incluidas las laborales, lo cual puede ayudar a mantener activo y entrenado al cerebro.

Plantearle retos al cerebro con actividades tales como leer, escribir, aprender un nuevo idioma, interactuar con la computadora, jugar o simplemente practicar la jardinería estimula las neuronas y las conexiones entre ellas.

Cualquier enfermedad asociada con la pérdida de la memoria debe ser diagnosticada y tratada oportunamente así como evitar actividades que conlleven traumas repetidos en la cabeza.

Desarrollar, entrenar y mantener en buen estado la memoria, el “puesto de mando” como se le conoce en la calle, es gratificante y útil cuando se desea alcanzar una vida próspera y feliz.

 

* Master en Ciencias y Profesor Consultante

  Jefe del Servicio de Endocrinología

  Hospital Docente Dr. Salvador Allende

  La Habana – Cuba

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