Dos bailarines cubanos unidos en el abrazo de la danza

 

Triunfaron Jesús Arias y Armando Gómez en importante presentación durante este verano en The Fire Island Dance Festival

 

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Imágenes de la obra Abrazo perdurable, defendida en New York por los jóvenes camagüeyanos, Jesús Arias Pagés y Armando Gómez Brydson.

Ana Margarita Sánchez Soler

asanchez@enet.cu

 

La magia de la danza envuelve dos fornidos cuerpos de bailarines. Esta vez, hombres. Lo inusual, uno es partner del otro. Una pareja que se lanza al abismo del movimiento escénico, dueños del gesto y capaces de asombrar por la pericia y el énfasis interpretativo.

Abrazo perdurable es el título de la hermosa coreografía defendida con éxito por los camagüeyanos Jesús Arias y Armando Gómez; y presentada recientemente en The Fire Island Dance Festival, en los Estados Unidos de Norteamérica.

Jóvenes ambos y graduados de la Escuela de Ballet, integraron pronto el cuerpo de bailarines de la Compañía Endedans de la región camagüeyana, seducidos por la línea de movimiento de esa agrupación, su libertad creativa y el universo de expresiones abiertas a estos bailarines que han puesto en un alto sitio el estatus de esa compañía y el nombre de Cuba.

Mención especial en estos empeños y resultados merece la visión coreográfica de Pedro Ruíz como director artístico y su desempeño coreográfico. Estas búsquedas se  han traducido luego en piezas como Retratos en tus ojos, Medianoche, Momentos en el viento o Move on… composiciones que han relanzado la compañía a un sitial encumbrado del panorama danzario  cubano.

Abrazo perdurable ha sido el botón de muestra de este talento aunado en ambos bailarines, miembros de la Asociación Hermanos Saiz. Como ha dicho uno de ellos, “no tiene que ver solo con lo que vivimos en el The Fire Island Dance  Festival, sino porque referimos una obra muy compleja, tanto desde el punto de vista técnico como interpretativo. Luego atrapan la plasticidad de movimiento, la estremecedora musicalidad (…)”.

Regresan ahora de los Estados Unidos llenos de gloria. Muchos allá se preguntaron quiénes eran estos chicos y de dónde habían salido. Ellos se definen a sí mismos como unos guajiros orgullosos de su condición de cubanos, empeñados siempre en bailar con cuidada técnica y sobre todo “con el corazón despierto”.

 

 

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