Desagravio de amor y dignidad

Jóvenes del Ballet Nacional de Cuba sienten orgullo de la alianza nacida entre su compañía y la FEU
Por Yuniel Labacena Romero
La función de desagravio que 60 años atrás organizó la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en homenaje a Alicia Alonso, ante la decisión de la dictadura batistiana de suspenderle la pequeña subvención que entonces recibía el Ballet Nacional de Cuba (BNC), es uno de esos días que siempre deben salvarse del olvido.
Para Claudia García, joven solista de esa prestigiosa institución, días como el 15 de septiembre de 1956 son memorables, pues expresan la fuerza del amor y la valentía. Ella fue una de las bailarinas que se sumó al homenaje que trajo al recuerdo un hecho que unió a la compañía y a la organización estudiantil en el camino de la dignidad y las luchas patrias.
«Me encantó participar en esta cita que rememora aquella otra en el entonces estadio de la Universidad de La Habana, hoy Juan Abrantes, que marcó un hito en la tradición de justicia de la cultura cubana, especialmente del ballet», dijo.
Claudia se siente dichosa, pues fue esta una función de lujo que sumó a otros bisoños pero, sobre todo, porque fue su debut en el conocido ballet neorromántico Las Sílfides, presentado igualmente en aquella función de desagravio. «Actué en un vals que ha sido interpretado por grandes figuras de nuestra compañía danzaria».
Como ella, el también solista FrancoisLloriente agradece esta iniciativa, pues sabe que recordar es volver a vivir. Rememora cómo aquel 15 de septiembre sería la última vez que Alicia Alonso y su compañía bailarían en un teatro en Cuba hasta el triunfo revolucionario.
«Son hechos que le han dado prestigio a la compañía», agregó el joven, quien bailóla pieza contemporánea Percusión para seis hombres, aunque ya ha interpretado otros personajes como Bufón, en El lago de los cisnes, y Espada, en Don Quijote. «Fue una cita de recuento y reafirmación con un programa-concierto interesante, muestra de que el ballet sigue siendo un arte de pueblo».
El bailarín, quien ha tenido una preparación fuerte, pues tuvo que combinarla con la gira que recientemente realizó el ballet cubano en México, asegura que se enamoró de esta profesión por las oportunidades que brinda de expresarse sin palabras, solo con movimientos y pantomima, así como las historias que se cuentan a través de él
Ariel Ernesto Martínez, que lo acompañó en la pieza Percusión para seis hombres, manifestó la honra que implica participar de este evento, que demuestró que nada destruirá la alianza forjada entre el Ballet y la FEU y, sobre todo, porque se ha confiado a los más jóvenes talentos para hacer esta entrega.
«Nunca imaginé que 60 años después del aquel histórico homenaje a nuestra querida profesora Alicia Alonso, estaría en la Universidad mostrando la técnica y el virtuosismo de los bailarines cubanos. Durante mucho tiempo he sentido el deseo de estar en ese sitio entregando lo mejor de mi arte, como lo han hecho otras reconocidas figuras».
Afirma haber bailado más de lo que esperaba desde que en 2014 llegó a la compañía. Sus presentaciones se recuerdan en roles principales como Espada, en Don Quijote, y el pas de deux de Coppelia, en La magia de la danza. Ahora se prepara para estrenar, con la primera bailarina Viengsay Valdés, el ballet Oscurio, en la inauguración del 25 Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso, el próximo octubre.
La primera bailarina SadaiseArencibia, sorprendente por su belleza física y elasticidad, se une a la gala interpretando a Kitri, la hermosa en el ballet Don Quijote, un puesto que «me tomó un poco por sorpresa, pues me preparaba para Las Sílfides, dos ballets diferentes, pero me siento segura. Lo he realizado en otras ocasiones».
Recuerda que siempre tuvo el sueño de ser bailarina hasta que un buen día la familia la acompañó en ese camino. «He podido bailar mucho y hacer roles protagónicos. Hasta ahora, entre lo que más me ha gustado ha sido interpretar Carmen, pues me identifico mucho con su soltura y firmeza y, además, tiene la marca de Alicia Alonso».
Sadaise está convencida de que un buen bailarín debe tener condiciones físicas, pero además inteligencia, mucha alma y corazón para triunfar en la vida. Afirma resuelta que se debe mantener esa tradición que tiene la FEU de divulgar nuestro arte entre sus miembros, pues «es un modo de que se interesen por la cultura».
Y ese matrimonio feliz entre el Ballet y la FEU, como lo ha definido Alicia Alonso, tiene sus raíces en valores culturales y patrióticos, asegura Jenniffer Bello Martínez, presidenta de la organización estudiantil, quien destaca que luego del triunfo revolucionario han sido innumerables las presentaciones en las universidades, los encuentros, los reconocimientos y los homenajes que han compartidos juntos.
Tomado de Juventud Rebelde