Edificio representativo

El hotel Habana Riviera es uno de los edificios más representativos de la arquitectura cubana de los años 50
Por Ciro Bianchi
El hotel Habana Riviera es uno de los edificios más representativos de la arquitectura cubana de los años 50. A sus valores constructivos y su excelente ubicación se suma la rica colección de obras que para ambientarlo realizaron artistas tan notables como Cundo Bermúdez, Florencio Gelabert, Hipólito Hidalgo de Caviedes y Rolando López Dirube, entre otros.
En la concepción de esta instalación, situada en Paseo entre Malecón y Primera, en el Vedado, la función hotelera quedó eclipsada por el cabaré y, sobre todo, por el casino de juegos. En todos los hoteles, la carpeta le sale al paso al visitante, es un área ineludible.
No ocurre así en este hotel; se halla allí al final del lobby, oculta para el que llega, mientras que los salones mencionados son bien perceptibles en cuanto se pone un pie en el establecimiento. Desde fuera, el domo recubierto de cerámica que cubre el área del casino se diferencia del resto de los volúmenes del inmueble.
El hotel se construyó sobre un terreno irregular. Cuenta con 21 pisos, de esos 17 habitacionales, y casi 400 habitaciones. Se dice que todas tienen vista al mar, lo que les confiere un valor añadido. Se alza a 71 metros sobre el mar, por lo que en altura es ampliamente superado por el edificio Focsa (121 m) y el edificio del hotel Habana Libre (126 m).
Su casino, operado por Meyer Lansky, jefe de la mafia norteamericana en la Isla, era el más lujoso de los 10 existentes en Cuba.
Su costo se calcula entre los 11 y los 14 millones de dólares. Solo por el terreno se pagó más de un millón. Sus propietarios eran figuras de la mafia norteamericana y personeros de la dictadura de Batista. A su apertura, el 10 de diciembre de 1957, asistió el cardenal Manuel Arteaga Betancourt, que lo bendijo.
También Rafael Guas Inclán, vicepresidente de la República; Justo Luis del Pozo, alcalde de La Habana, y unos 100 norteamericanos vinculados a la mafia. Se hicieron presentes figuras de Hollywood como Ginger Rogers y Lou Costello.
La ceremonia inaugural fue ampliamente difundida en EE. UU. a través del espectáculo de Steve Allen, el de mayor audiencia televisiva entonces.
Se supo que sus accionistas proyectaron la construcción de otro hotel que llevaría el nombre de Mónaco. Refiere Guillermo Jiménez, autor de los libros Los propietarios de Cuba y Las empresas en Cuba, que en su primer año de operaciones el Habana Riviera dejó utilidades netas cercanas a los 400 mil dólares.
El Habana Riviera, en el momento de su inauguración, fue el mayor hotel-casino construido en Cuba o en cualquier parte del mundo, salvo en Las Vegas. Contaba con la piscina más grande de La Habana y estaba dotado de aire acondicionado en todas las habitaciones y áreas sociales —uno de los primeros hoteles del mundo en disponer de ese servicio.
Expresa Eduardo Luis Rodríguez en su obra sobre la arquitectura moderna en Cuba que el proyecto original fue realizado por el arquitecto norteamericano Philip Johnson, pero no se hizo realidad por desacuerdo con los inversionistas.
En su lugar se contrató entonces a una firma de Miami con experiencia en la construcción hotelera que «resolvió el encargo con el repertorio de formas que se había hecho habitual en la Florida a partir de las obras de Morris Lapidus». Por la parte cubana actuó Manuel José Carrerá Machado como arquitecto facultativo.
Precisamente sobre ese hombre, olvidado en Cuba, acaba de publicarse un libro en Colombia. Se titula Ruta Carrerá; La vanguardia modernista en el Caribe colombiano, y su autor es un arquitecto y profesor distinguido, Carlos Bell Lemus, una acuciosa investigación vertida en un libro de excelente factura.
Nos ocuparemos de esa obra en alguna de las próximas semanas. Por hoy solo diremos que después de una fructífera estancia en Colombia, donde era ya un arquitecto renombrado, Carrerá regresó a Cuba en 1946 a fin de asumir funciones en el Ministerio de Obras Públicas y, con su empresa, satisfacer encargos del Estado.
Así, como jefe de Planeación de Obras Públicas, trabajó en el proyecto del Barrio Obrero, ubicado entre la Vía Blanca y la Bahía de La Habana: mil 500 casas individuales, ocho edificios multifamiliares de cuatro plantas cada uno, mercado, centro escolar, guardería infantil, hogar de ancianos… y se vinculó después en la construcción del mercado de Carlos III.
Siempre en Obras Públicas, asumiría más tarde como jefe de proyectos y construcción de hospitales. Intentó reformar los planos de la Plaza Cívica o de la República (actual Plaza de la Revolución).
En 1959, Manuel José Carrerá se estableció en EE. UU., donde trabajó como arquitecto de proyectos de la prestigiosa firma Browning & Parker, de Miami, y ya en 1960 volvió al Caribe colombiano, escenario de sus éxitos iniciales. Allí falleció en 1981.
Tomado de Juventud Rebelde