“En Alamar me enamoré del hip hop cubano”

anita tijoux
Anita Tijoux. Foto: Cortesía de la artista

Hija de militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR), nacida en 1977 en el exilio francés, Anita Tijoux se sitúa hoy a la cabeza del rap latinoamericano

 

Por Michel Hernández

Hija de militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR), nacida en 1977 en el exilio francés, Anita Tijoux se sitúa hoy a la cabeza del rap latinoamericano y es una de las principales voces del movimiento de la música contemporánea que viene cambiando el panorama sonoro de Chile.

LaTijoux, de 38 años, volvió a su país de origen en 1993 con sus padres después del restablecimiento de la democracia en la nación andina, donde comenzó a subir a los escenarios, primero como invitada de varias alineaciones de calibre como Los tetas y Los gemelos y después como integrante de Makiza, una de las escuderías cimeras de la escena rapera chilena, con la que publicó influyentes discos como Aerolíneas Makiza.

Anita, como solista, publicó su primer disco en el 2007 bajo el título Kaos, un álbum que avizoraba que tenía todo para ubicarse como una rapera de categoría mundial, algo que ocurriría solo dos años más tarde cuando detonó esa bomba de tiempo que fue 1977.

El disco la colocó rápidamente en el mapa del rap chileno y su nombre se esparció en toda la escena iberoamericana como una de las figuras femeninas más prominentes de la música urbana junto a la española Mala Rodríguez. El álbum, con 14 temas, no tardó en colocarse en los primeros lugares de las listas llamando la atención hasta del mismísimo Thom Yorke, el líder de Radiohead. Y, se sabe, esas son palabras mayores.

Sin embargo, Anita Tijoux no establece ninguna pelea para imponerse en las grandes ligas del rap ni subir un hit a los medios. Su pelea, si es que alguna hubiese, es por continuar siendo fiel a los dictados personales que la condujeron al mundo de la música urbana. Para más datos,  Anita incluso reniega de cualquier etiqueta que le endilguen para darle lustre como una de las principales MC’s de Iberoamérica.

“La verdad no creo en los máximos ni mínimos, el mercado ha funcionado de forma reiterada en crear estas categorías y subcategorías para separar una cultura que no necesita pirámides de buenos o malos, por eso no me puedo llevar un galardón que no comparto”, dice en entrevista con Granma a propósito de su presencia en el cartel de festival Patria Grande, a realizarse del 17 al 26 de noviembre en La Habana y varias provincias del país.

—¿Cómo ha definido tu personalidad y tu carrera el exilio que viviste con tus padres en Francia tras el golpe militar de Pinochet a Salvador Allende?

—Mis padres fueron militantes de la izquierda Revolucionaria y de la organización que fundó Che Guevara en 1967 en Bolivia. En Chile existía una red llamada ELN que combatió también la dictadura junto al MIR. El exilio me enseñó el internacionalismo, me puso frente a otras luchas mundiales y eso de manera obvia me dio una perspectiva de mundo, una visión crítica que llevo conmigo en la música y en la manera en que la vivo y construyo.

—¿Qué significado le otorgas a hacer rap en Chile y en América Latina?

—El rap necesita liberarse del rap y la música necesita transgredirse a sí misma en un cuestionamiento incesante. Hacer rap, hacer música, hacer canciones, crear en todos sus matices y rincones en un país como Chile donde la dictadura dejó secuelas no solo de violencia en toda una generación, sino que instaló una dictadura de la cultura, es, sin lugar a duda, un deporte de alto combate. Hacer arte en Chile no es considerado un oficio aún y vivimos bajo la lupa estigmatizada de los que nos miran con muy alta sospecha por vivir del arte. Así que diría que surfeo con la ola de manera permanente.

—¿Es difícil ser una mujer rapera?

—Es complejo ser mujer, no diría particularmente en el rap. El mundo es machista y se instaló un modus operandis de violencia al género femenino que va desde la palabra hasta las formas de los sueldos.

—¿Hay algún músico o banda latinoamericana que te llame la atención en este momento?

—Muchas y muchos, somos un continente rebosante de nuevos talentos y extremadamente beneficiosos por una ola de músicos de generaciones anteriores que han dejado un legado histórico innegable en cada uno de nosotros. Y mis gustos musicales se basan en escuchar todo lo que me emocione. Es­cucho desde Chopin hasta Public Enemy, y de cosas más actuales me ha gustado mucho Littel Dragon, Haitus Kayote.

—¿Tienes alguna especie de ritual a la hora de componer canciones?

—Observar es mi herramienta y pensar en voz alta, desde comportamientos de familias sentadas, hasta un libro pasando por un documental.

—¿Qué preparas ahora tras tú más reciente disco Vengo?

—Me estoy dando el placer de componer por componer, sin presión, sin expectativas. Cuando entramos en la maquinaria de la industria musical también nos envolvemos en fechas y entregas de discos nuevos. Por mi parte, trato de hacer canciones a otro ritmo y a otra velocidad que me parece crucial no perder y seguir.

—¿Existe otra razón que te impulse a tocar en Cuba, además de formar parte del festival Patria Grande que este año estará encabezado por mujeres?

—Muchas razones, me enamoré de Cuba por los años 98-99 cuando me quedé en Alamar. Me enamoré del hip hop cubano, de sus procesos, de las conversaciones y las risas, de lo que era el Grupo Uno con Rensoly, y de tantos grupos como Obsesión, Explosión suprema, Anónimo consejo, entre tantos otros. Me encontré con una frescura muy propia de una identidad única que me hizo pensar mucho en Chile, en los lazos de afectos y cariños. Así que debo decir que por razones obvias hay un cariño que tengo enfrascado en la isla.

—He conocido que te gustaría realizar un concierto en algún barrio de La Habana. ¿Estás al tanto de “la gira por los barrios” que viene haciendo Silvio Rodríguez desde el 2010?

—Sí, de hecho estuve en Cuba hace unos días y vi que Silvio estaba tocando en un barrio de pescadores. Amamos la música y seguimos bajo el profundo convencimiento que todos los escenarios son importantes y cruciales para dialogarnos y profundizarnos.

Tomado de Granma

 

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