Aquella noche de agosto en el Estadio del Cerro

El 6 de agosto de 1960 una muchedumbre congregada en el Estadio del Cerro en La Habana, y otros cientos de miles de cubanos, seguían por la radio y la televisión el histórico acontecimiento
Escrito por Rosa Pérez López
Nunca antes ningún partido de béisbol había logrado abarrotar tanto el Estadio del Cerro, como ocurriera el 6 de agosto de 1960 en la clausura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes. Se había anunciado que Fidel asistiría, y decenas de miles de habaneros acudieron a la célebre instalación deportiva con la certeza de que esa noche el entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario pronunciaría un discurso semejante a un jonrón con todas las bases llenas, a favor de la independencia económica de Cuba.
Muy brutales habían sido las maniobras implementadas por el imperio con el propósito de asfixiar la naciente Revolución Cubana: la suspensión de la exportación de petróleo desde Estados Unidos hacia Cuba, la prohibición de procesar en las refinerías norteamericanas el crudo procedente de otros países y la suspensión de la cuota de azúcar que tradicionalmente vendíamos al vecino norteño.
La digna y vertical respuesta de nuestro país no se hizo esperar: el Comandante en Jefe anunciaba esa noche la nacionalización de numerosas compañías yanquis y más de treinta centrales azucareros, que a partir de ese momento llevarían los nombres de los países de la América nuestra.
Si el primero de enero de 1959 Cuba había conquistado su redención política, aquel 6 de agosto de 1960 alcanzaba su emancipación económica. Y la muchedumbre congregada en el Estadio del Cerro lo sabía; y también los cientos de miles de cubanos que seguían por la radio y la televisión el histórico acontecimiento.
Los mismos compatriotas que vivieron momentos de intensa angustia cuando Fidel perdió la voz durante su vehemente alocución. Fue entonces que Raúl tomó los micrófonos para exclamar con premonitoria convicción que el líder de la Revolución no podría hablar en ese instante, pero estaba ahí y seguiría estando por mucho tiempo.
Cincuenta y seis años han transcurrido desde entonces, y en un escenario internacional mucho más complejo y convulso que el de entonces, nuestra Patria sigue apostando por su soberanía política y económica, sin hacer concesiones de principios. Como corresponde a una nación que durante más de un siglo ha pagado a tan alto precio su derecho a la independencia.