Mujer que canta a hombres del Moncada

Aquellos de la Generación del Centenario eran profetas que, salidos de las entrañas de nuestra tierra, vestían de ilusión al pueblo
Escrito por Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu
Miras, Abel,
y se revuelve el hambre de los pobres. (…)
Carilda Oliver Labra
Porque morir por la Patria es vivir y porque la pérdida humana despierta y exalta la indignación, el dolor, el amor…, algunos pintan, gritan, lloran o escriben versos.
Tal vez el alma femenina y apasionada de la poetisa cubana Carilda Oliver Labra, haya sufrido sentimientos encontrados –ira y amor, dolor y alegría, amargura y esperanza, ante los hombres de la gesta del Moncada.
A ella llegó como fuerza de huracán la virilidad del alegato La Historia me Absolverá, pronunciado por Fidel Castro porque “(…) vuelo de banderas/apoyaban su arrebato!”, el arrebato de aquel hombre que “Desde el perfil al zapato/criollo como el yarey./Profeta de nueva ley, honda esperanza de todos, en medio de tantos lodos/lengua le vino de Hatuey (…)”
Sí, porque Fidel y los jóvenes de aquella Generación del Centenario eran eso: profetas que, salidos de las entrañas de nuestra tierra, vestían de ilusión al pueblo.
Todos ellos se convirtieron en héroes cuya memoria o presencia aseguraron el cumplimiento del nuevo proyecto revolucionario que removería los cimientos del país: su tierra, su salud, su educación, su cultura…
Aquellos que sobrevivieron experimentaron la dicha de un pueblo crecido. Los que murieron, provocaron el dolor por la pérdida, y el sufrimiento al conocer de la tortura.
Así conversó Carilda con Abel Santamaría; así conversó con aquel que ya no tenía ojos, con aquel cuyas cuencas habían quedado ya vacías de color y llenas de desgarramiento:
Miras, Abel,
sin ojos en la tierra.
Tu mirada viene de lo que no abandona la belleza.
Aquí está derramada
como cuidando el sesgo de tu isla,
la lucha del mar por sostenerla;
ayuda al balanceo de las palmas,
agrede nuestro miedo.
¿Quién le dice: párate;
quién la vuelve a esa cuenca desolada?
Miras, Abel,
y se revuelve el hambre de los pobres.
Miras, y arde
la libertad de los hermanos secos,
enterrados a pulso
frente a los sinsontes.
Pero este pueblo, al igual que Carilda, escuchó el mandato de Abel y se apoyó en él “como en un talismán, /como en un aire de yagrumas, /como en un himno” porque él era capaz, parafraseando a la poetisa, de ver en las tinieblas y ofrecernos su mirada fuerte como primavera del milagro.
Y era el milagro que ofrecía cada hombre del Moncada: la verdadera alternativa revolucionaria para Cuba hacia un futuro antimperialista y anticapitalista cuyo programa estaba sintetizado en el legado de dignidad y justicia social que proponía La Historia me Absolverá cuya aplicación ha sido liderada por Fidel Castro, a quien también le cantó la poetisa:
Ese Fidel –sol directo
sobre el café y las palmeras–,
ese Fidel con ojeras,
vigilante en el Turquino
como un ciclón repentino,
como un montón de banderas.
Por su insomnio y sus pesares,
por su puño que no veis,
por su amor al veintiséis
por todos sus malestares,
por su paso entre espinares
de tarde y de madrugada,
por la sangre del Moncada
y por la lágrima aquella
que habrá dejado una estrella
en su pupila guardada.
Por este presente que hoy vivimos, unimos nuestra voz a la poetisa y le decimos “Gracias por tu corazón, / ¡Gracias por todo, Fidel!”