Alerta indispensable

El nuevo título de Ciudad maravilla, que recibió recientemente La Habana, nos llena de satisfacción y más aun, llama a que no sigan proliferando en ella las indisciplinas sociales…

 

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La Habana tan nuestra, en una ciudad maravilla que debemos preservar, para que siga entonces colocándose como un destino imprescindible en el mundo.

Escrito por Yuniel Labacena Romero

 

Es oficial y nadie lo duda: La Habana es una de las siete ciudades maravillas del mundo moderno. Desde hace unas semanas, a la entrada de la bahía de la capital, en la explanada del Castillo de San Salvador de la Punta, está el monumento y la placa conmemorativa que refrendan el reconocimiento, avalado por cientos de millones de personas en todo el orbe, durante el tercer concurso organizado por la fundación suiza New7Wonders.

Ese hecho nos llena de satisfacción y más nos alerta en esa constante necesidad de cuidar una ciudad, que se ha fraguado con el sudor de sus hijos y visitantes, y en la que han crecido en los últimos tiempos, como en buena parte del país, las indisciplinas sociales. No obstante las críticas y medidas adoptadas para erradicar esas conductas, todavía falta mucho por hacer.

Ahí están, por ejemplo, el orinar en la calle, alterar el orden público, fomentar riñas, andar sin camisas, aunque se esté cerca de la casa, hablar a gritos y con “palabrotas”, el escuchar una grabadora o un radio a todo volumen, como si los que viviesen a nuestro alrededor estuvieran obligados a oír al Chacal y Yakarta o Los desiguales… y hasta la falta de un adecuado control de la higiene en las entidades gastronómicas.

Pero no menos son aquellas situaciones relacionadas con actos de vandalismo contra las tarjas y monumentos, la telefonía y el transporte público, donde muchos ciudadanos escriben, rompen o maltratan. Escenarios como el Paseo Marítimo, los parques Antonio Maceo o el de la Fraternidad, a los cuales le faltan las rejas que lo protegen; atestiguan esas indisciplinas que no solo encontramos a diario, sino que debemos enfrentar como ciudadanos.

¿Y qué decir de las paredes marcadas por suelas de zapatos, jardines y áreas verdes dañadas, las declaraciones de amor perpetuadas en muros y puertas de baños públicos, de guaguas y edificaciones, incluso de desamor, selladas por palabras obscenas? ¿O los pequeños o grandes basureros que vemos en los lugares más insospechados, incluso debajo del letrero: “No eche desperdicios en este sitio”?

Fe de estas indisciplinas puede dar el Malecón, desde una punta a la otra. Botellas de cerveza y ron, pomos plásticos, cajetillas de cigarros, cucuruchos de maní, latas de refresco, cajas de jugo, jabitas de naylon, desperdicios de comida… Esos son algunos de los desechos que cientos de ciudadanos vierten en ese sitio sin importar sus consecuencias.

Muchos de los ejemplos mencionados constituyen delitos, por el cual el que incurra tiene que pagar y eso hay que hacerlo cumplir, pues para nadie es un secreto cuánto cuesta una reparación o reposición de un parque infantil, de un teléfono público, de una cerca monumental o el saneamiento de nuestra bahía… Cada una de esas situaciones atentan contra el orden y la armonía, y la vez son muestras de que somos individuos poco cultos y desorganizados.

Así que esta batalla no depende solamente de la voluntad política y el accionar de las entidades y organismos responsables de la labor de enfrentamiento, con las diversas medidas de control, imposición de multas y exhortaciones a la población. Empieza por cada uno de nosotros, por nuestra casa y en la comunidad, desde no quedarnos callado ante lo mal hecho hasta no formar parte de una cadena de ilegalidades.

Las indisciplinas sociales o de cualquier naturaleza no surgen por espontaneidad, casi siempre están asociadas a la falta de exigencia, de control, de cultura y otras dañinas manifestaciones que dejan espacios propicios para que aparezcan. Apostemos por la disciplina, pues sin este valor compartido no es posible el éxito de ningún tipo, y cuando no se practica con conciencia y consecuentemente, quiebra otros valores y conduce a resultados nefastos.

No olvidemos que en nuestras escuelas los niños aprenden desde primaria a que hay que cuidar los parques, jardines, transporte, la higiene colectiva y demás. Se les instruye en cómo comportarse en lugares públicos y el respeto a los demás. Esos conocimientos deben aumentar en los tiempos actuales, y más en una Habana tan nuestra, en una ciudad maravilla que debemos preservar, para que siga entonces colocándose como un destino imprescindible en el mundo y haciendo gala de un título que bien merece.

La Habana: Actual capital de Cuba, ciudad más poblada del país y de todo el Caribe insular, con una población superior a los dos millones de personas. Su territorio ocupa el décimo sexto lugar en extensión entre las provincias con 726,75 kilómetros cuadrados, representando el 0,7 por ciento de la superficie total del país.

Ciudades maravillas del mundo: Iniciativa llevada a cabo por la fundación New Seven Wonders Foundation dirigida por Bernard Weber. El resultado definitivo de las nuevas siete ciudades maravillas del mundo se hizo público el 7 de diciembre de 2014 en Dubái.

 

Tomado de Cubahora

 

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