5 de junio: Día Mundial del Medio Ambiente. La huella que vamos dejando

Cuba, con muchos modos para celebrar, está situada del lado de este mundo que cree que el medio ambiente es también parte de la solución a muchos de sus problemas
Instituida por Naciones Unidas para llamar la atención sobre un problema que nos atañe a todos, lo cierto es que no todo el mundo al menos celebra la fecha.
Unos porque no les interesa el tema. Otros se levantan cada día en este planeta, acorralados por problemas más acuciantes, con la esperanza de sobrevivir a las enfermedades, el hambre o la guerra.
Los retos son muchos y diversos y comienzan por encontrar un concepto abarcador y equilibrado de desarrollo sustentable y que resuelva la controversia entre ganancias a corto plazo y beneficios a largo plazo. Entre necesidades humanas y necesidades de los ecosistemas, intereses de los negocios, necesidades de la sociedad y la salud ambiental. Entre los derechos individuales de propiedad y derechos de la sociedad. Entre límites políticos y ecológicos o centralización y descentralización y entre gobierno y sociedad civil, en la toma de decisiones.
Tal vez al dilema termine cuando despierte la conciencia individual de tanto consumismo y la conciencia social de tanto desafuero.
Cuba a corto plazo
Cuba, con muchos modos para celebrar, está situada del lado de este mundo que cree que el medio ambiente es también parte de la solución a muchos de sus problemas.
Para el Dr. En Ciencias Eduardo López Bastida, Profesor Titular de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, de la Universidad de Cienfuegos, uno de los retos más complejos es el consumo de agua: «En este punto —dice—, Cuba es el país de América Latina que deja mayor huella hídrica, casi igual a la Estados Unidos, entre otras cosas porque el 53por ciento del agua se despilfarra por mal estado de las redes y de ello el 23 por ciento se derrocha en las casas.
Si a esto le agregas que por cada metro cúbico de agua desperdiciado, se gastan 40 centavos de dólar —porque el agua hay que bombearla con maquinaria que usa combustible fósil— hay que buscar una solución urgente porque la cuenta daría miles de millones de pesos.
Para el profesor López Bastida existe otro gran reto: « Cada cubano necesita 1.9 hectáreas para vivir. Pero ese número por sí solo no significa mucho. Hay que compararlo con la biocapacidad del archipiélago, es decir, el área que tiene Cuba entre sus habitantes. Cuando comparamos nuestra huella ecológica con nuestra biocapacidad, ambas están en equilibrio.
El problema es que no somos Brasil, Argentina o Venezuela, países inmensos, que pueden darse lujo de tener tierras ociosas; aquí importan porque las tierras ociosas no cuentan en la biocapacidad: Ni podemos tener tampoco baja productividad, porque la biocapacidad depende de lo obtenido de la tierra. Si Cuba tiene un millón de hectáreas de tierras ociosas; si la productividad de la caña es de 30 toneladas por hectáreas —en Guatemala es de 85 toneladas por hectárea—; si la productividad de la yuca es más baja que la de Haití, significa que hemos abandonado el campo. Entonces el primer reto ecológico de Cuba es aprovechar la tierra».
Cuba a largo plazo
El aumento del nivel del mar es el principal peligro para la plataforma insular terrestre. Los científicos afirman que durante los últimos 40 años, en nuestro país el nivel medio del mar aumentó a razón de 2,04 milímetros anuales, mientras la costa sur occidental se hundió a un ritmo de 4 milímetros por año.
Muchos afirman que es posible atenuar y retardar su impacto: arrecifes coralinos y los bosques costeros funcionarían como barreras físicas. Las medidas de adaptación incluyen la suspensión de toda labor de aprovechamiento forestal en una profundidad de 15 kilómetros a partir de la línea costera del Sur de las provincias de Artemisa y Mayabeque, zonas que junto a la Ciénaga de Zapata, la desembocadura del río Cauto, el Norte y Sur de Ciego de Ávila, ambas costas de Villa Clara y buena parte de Camagüey, están consideradas como las de más riesgos.
Algunos científicos hablan de 10 años para «apreciar» tales cambios. Otros consideran que dentro de cuatro décadas el archipiélago cubano —y muchos habitantes de pueblos costeros— «sentirán» los rigores del aumento del nivel del mar. La mayoría cree que dentro de 100 años la plataforma insular cubana habrá cambiado notablemente la geografía.
Podemos celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente. Podemos incluso darle carácter festivo. De nada vale la educación ambiental entre niños y adolescente, si luego la indolencia de algunos adultos desarma la conciencia tanto la social como la individual.
El dilema comienza, a mi juicio, cuando no se equilibra la conciencia social y la conciencia individual, cuando el tema del medio ambiente se percibe como un tema abstracto y no como una cuestión concreta que pudiera estar al lado y necesita del ahora mismo.
Desarrollar una jornada de celebración por el Día del Medio Ambiente tiene que ser, por fuerza, un tema en concreto que equilibre razón y emoción.
Tomado de Alma Mater