René Francisco Rodríguez, un artista en evolución…

Representante genuino del auto criticismo y la auto reflexión del arte moderno, algunos de sus trabajos, corporizados en instalaciones, constituyen provocaciones que activan el imaginario colectivo
Por Ortelio Rodríguez Alba
Siempre que se aborde el fascinante tópico, arte- pedagogía, saltará a la vista, en el contexto cubano y latinoamericano, la necesaria alusión a la obra creadora de René Francisco, Premio Nacional de Artes Plásticas.
Su labor es el fruto de un humanista del siglo XX que hilvanó en fino tejido la creación como proceso ingente unida al oficio del maestro y a su rol ético. Desde esta dinámica que abrió derroteros a la pedagogía del arte en Cuba, René Francisco colocaba un nuevo escalón en la espiral de una tradición que entiende el arte como compromiso y al artista como un actor social.
Mirándole a los ojos uno intuye en René Francisco a un alma noble. Luego de conocer su obra y la poética que ha animado sus piezas, se comprende mejor la dimensión ecuménica de su pensamiento.
Miembro del famoso capítulo del arte insular Volumen 1, con el cual se daba por sentado el inicio de la contemporaneidad en nuestro país, el oficioso autor, graduado del Instituto Superior de Arte, centro del cual será profesor eminente, fue parte de la hornada de inquietos virtuosos estremecidos por la voluntad de experimentación de los años 80, el acucioso estudio y la decisión irrevocable de fungir como cronistas del entorno social. De esas motivaciones surge su obra, profundamente identificada con el arte conceptual.

Representante genuino de la urgencia de la auto reflexión y el auto criticismo, algunos de sus trabajos, corporizados en instalaciones o sorprendentes pinturas, abren un paréntesis que excava en la noción tradicional del objeto de arte considerado como algo sublime, pulidamente trabajado.
Los artistas conceptuales problematizaron con la categoría Arte en sí misma y René Francisco Rodríguez se integra a esta perspectiva desde un contexto tercermundista. Su mirada, a la vez mínimal, se consuma desde la ironía corrosiva propia del postmodernismo. Así nacen extravagantes formas tubulares fabricadas con materiales reciclables. Con ellas se expande una iconografía que enrarece, mediante un sutil extrañamiento, la naturaleza del objeto representado. A la vez que alude a un contexto especifico y familiar…
René Francisco también es reconocido por su intenso trabajo comunitario, el cual ha logrado encauzar por rutas personales que han convertido a vecinos y sitios periféricos en protagonistas de sus acciones pedagógicas. Algunos ejemplos son conocidos y avalan su compromiso ético, principalmente los asociados a la barriada El Romerillo en La Habana. Allí ha tendido puentes hacia personajes anónimos que han salvado vidas, como curanderos (ej: Rosa Estévez). En otros casos, ha ennoblecido las condiciones de vida de ancianos considerados por los lugareños merecedores de una consagración especial: Marcelina Ochoa, y sus 88 años de vida, cultivados desde el jardín creado para ella, son ejemplos de acciones transformadoras de ese entorno.
Desde una pragmática pedagógica recogida con las siglas DUPP, el profesor ha perseverado por estrechar los vínculos del artista con su barrio, nunca ajeno al entorno condicionante: así nacieron muchos de sus proyectos, arraigados en la gente humilde y en la memoria de sus historias.
Desde esa visualidad, su quehacer ha ido creciendo con el paso de los años. Hoy su pensamiento propositivo es una lección de vida para el arte contemporáneo en la Isla interesado en convertir la crónica en documento sin necesidad de renunciar a la agudeza y al imperio de la imaginación.