¿Hacia dónde se dirige Brasil si derrocan a Dilma Rousseff?

juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se reunió recientemente con el premio Nobel de la Paz argentino, Adolfo Pérez Esquivel, en el Palacio de Planalto, sede oficial de la Presidencia en Brasilia.

Varios escenarios son posibles si la derecha brasileña, aupada por Estados Unidos, gana la batalla para suspender y enjuiciar a la presidenta Dilma Rousseff, y todos son de la peor especie

 

Por Mariela Pérez Valenzuela

Mientras continúa en marcha en el Senado brasileño el análisis de validez o no un juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff, varios escenarios comienzan a dibujarse en ese país, y todos desalentadores para el futuro de la gigantesca nación suramericana.

Acusaciones falsas contra la Mandataria –al menos hasta ahora no hay prueba que la incrimine- sirvieron de base para la apertura por parte de la derecha representada en la Cámara de Diputados- de un proceso que podría culminar el 11 o el 12 del próximo mes, cuando el Senado de 81 miembros se pronuncie.

Este considerado golpe de estado parlamentario forma parte de la estrategia urdida por Estados Unidos de derrocar a los gobiernos progresistas de América Latina, en especial los asentados en el cono sur. El triunfo de la derecha en Argentina alentó a los conservadores y sus jefes a impulsar la caída de Rousseff, quien cumple su segundo mandato iniciado el pasado 1 de enero.

De acuerdo con la Constitución Nacional, si la comisión senatorial aprueba el juicio político, la Mandataria será separada del cargo por 180 días, y luego a mano limpia los senadores, tras terminar la investigación, darán su último veredicto: o la destituyen, o archivan el caso.

Si sucede lo peor y Dilma Rousseff es destituida, asumirá el cargo de manera interina el instigador del golpe, su vicepresidente Michel Temer, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), quien está pendiente de un juicio político por una denuncia que quizás jamás llegue a ser analizada en la Cámara de Diputados.

Temer, de la vieja escuela de politiqueros brasileña, es considerado un traidor a la Mandataria, con quien se alió para formar gobierno y estar en el pastel del poder, al igual que varias importantes figuras de esa agrupación. El partido del vicepresidente abandonó la unión gubernamental para que sus miembros en el gobierno y diputados pudieran votar contra la gobernante.

Pero para llegar hasta ese punto pasaron varios acontecimientos. El presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, fue el promotor de la impugnación de Rousseff. Él había recibido, dada su jefatura, varias denuncias contra la jefa del Ejecutivo, a las que había prestado poca atención.

Sin embargo, Cunha, un corrupto y ladrón de al menos cinco millones de dólares comprobados en el escándalo de Petrobrás, trató de chantajear a la Mandataria: si no evitaba que él fuera al Comité de Ética de los Diputados con el peligro de ser sacado por corrupto, dejaría pasar las denuncias y con ellas el proceso de impugnación.

Como Dilma respondió: “No negocio con corruptos”, firmó lo que algunos llaman su digna separación del cargo, pero que no es más que una vergonzosa revancha, un complot de los derechistas brasileños para instalar un gobierno al estilo de lo que ocurre ahora en Argentina con el conservador Macri.

Por 327 votos fue aprobada en la Cámara Alta el paso del proceso al Senado. Lo insólito es que 100 de esos diputados están bajo investigación por corrupción y otros delitos contra el Estado, lo que constituye una vergüenza para ese poder Legislativo.

Aunque de manera indecorosa –incluso ya tiene un gobierno armado para sustituir al actual, de mayoría del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), Temer podría –si su socio Cunha lo chantajea también y vuelve a ocurrir lo que hizo con Dilma, aunque es poco probable-, entonces, ¿Quién quedaría al frente de la nación?.

Otro complejo asunto que ronda el escenario brasileño es que aun tanto Temer como Rousseff están bajo vigilancia del Supremo Tribunal Electoral, ya que se les imputa la financiación ilícita de la campaña electoral del 2014. Si esto prospera, el Tribunal puede anular antes de la primera mitad del actual mandato (diciembre de este año) a los dos dirigentes.

Le corresponde entonces, al corrupto Cunha asumir la presidencia y convocar a elecciones en los siguientes 90 días.

Pero si el Tribunal dictara sentencia –todo basado en hipótesis- a partir de la segunda mitad del gobierno, recae en el Congreso nacional la designación del nuevo Mandatario, que sería también Cunha, pero que quizás para ese entonces esté encarcelado por sus muchos robos.

Solo quedaría con posibilidades el presidente del Senado, Renan Calheiros, tercero en la línea de sucesión del Presidente, pero que también está envuelto en un escándalo de corrupción según lo acusan otros legisladores. Su delito, de comprobarse, sería la recepción de moneda por evitar investigaciones sobre robos en la estatal Petrobrás.

Temer, que es el primer eslabón de esta cadena, podría sí sustituir a Dilma Rousseff, quien se niega a renunciar y demostrar su inocencia, pero le resultará difícil encontrar aliados, ya que quedó a la vista pública su espíritu taimado y ambicioso.

Además, es muy importante el papel que juegan en estos momentos los movimientos populares, organizaciones políticas de izquierda, sindicatos, grupos estudiantiles, artistas, intelectuales y otros sectores de la sociedad que se oponen al golpe de estado.

Millares de personas se mantienen en las calles en apoyo a la presidenta que cometió el delito de enfrentarse a la derecha que no la ha dejado gobernar, puesto que maneja el Congreso Nacional y no deja pasar las leyes del Ejecutivo.

Un golpe a Brasil es un golpe a América Latina, pues si ese país, con su poderío político y económico cae en manos de los conservadores, habría un cambio en la geopolítica regional que beneficiaría grandemente a Estados Unidos.

 

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