Cuando identidad y compromisos van de la mano

Las culturas nacionales de América y el Caribe deben una parte significativa de su formación histórica al poblamiento de africanos esclavizados
Por Carlos Heredia Reyes
Universidades y otras instituciones cubanas han desarrollado investigaciones sobre la herencia negra en América Latina y el Caribe, con el objetivo de preservar ese legado, y un ejemplo de cuánto se hace acá en tal sentido, lo constituyó el IV Encuentro Nacional José Antonio Aponte in memoriam, celebrado en enero de este año en la ciudad de Camagüey.
El cimarronaje urbano en la Trinidad del siglo XIX, el centenario del Partido de los Independientes de Color, la actualización del socialismo cubano y las relaciones raciales, y la problemática racial desde la educación en el país, fueron temas debatidos, además de rendirse homenaje a ocho de los líderes que, junto a José Antonio Aponte, fueron sentenciados a muerte luego de la Conspiración de la Escalera, sublevación independentista liderada por ese mártir contra el régimen colonial español a inicios del siglo XIX.
Como bien señala uno de los más prestigiosos estudiosos cubanos del tema, el Doctor en Ciencias Históricas (especialidad Antropología cultural) Jesús Guanche, “las culturas nacionales de América y el Caribe deben una parte significativa de su formación histórica al poblamiento de africanos esclavizados durante los siglos XVI al XIX”.
“En el caso de Cuba, subraya el también titular de la Academia de Ciencias de Cuba, la presencia africana ha sido múltiple y constante desde los albores de la época colonial hasta la acelerada intensificación del tráfico clandestino durante el ocaso de la dominación hispánica en la Isla”.
Pero en relación con las influencias culturales, para Guanche aun “no queda claro” la amplia diversidad de denominaciones con las que fueron conocidos (comprados, vendidos, alquilados, perseguidos) más de un millón de personas trasladadas a esta parte del Caribe, a las que se les impuso otra identidad, disociada casi siempre de su sentido de pertenencia grupal y en muchos casos dependiente del lugar de captura, del depósito de esclavos, del sitio de embarque y hasta de las lenguas de los traficantes africanos y europeos”.
En diferentes períodos históricos, estudiosos relevantes como Fernando Ortiz, Rómulo Lachatañeré y muchos más, han tratado de compendiar, entre otros empeños, cuántos fueron y cómo fueron identificadas las diferentes etnias africanas que participaron en la formación del pueblo cubano.
A la recuperación y la conservación de la memoria de África está dedicado el proyecto cultural La ruta del esclavo, creado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), alrededor del cual han tenido lugar en Cuba diversas iniciativas, como el mencionado IV Encuentro Nacional José Antonio Aponte in memoriam.
Recordemos que a la llegada de los españoles acá, en 1492, en la isla existía ya presencia humana. Estos hombres se encontraban en un régimen de comunidad primitiva y se agrupaban en dos grupos fundamentales: recolectores-cazadores-pescadores, y agricultores-ceramistas.
El encontronazo entre las dos culturas provocó la desaparición física de la aborigen, y para finales del siglo XVI ante la necesidad de mano de obra España comienza a importar esclavos africanos.
Así, la mezcla de tres culturas conforman el tronco de nuestra identidad: la aborigen, que aportó fundamentalmente elementos del lenguaje y algo de su dieta alimentaria; la española que brinda una amplia gama cultural y que se mezcla con nuestros primeros habitantes brindándole una gran influencia castellana, y la africana que llega a Cuba desde fines del siglo XVI, cobra fuerza en los siglos XVII y XVIII debido al boom azucarero, y que nos lega sus cultos religiosos y algunos elementos del lenguaje.
Cuando se hurga en esos siglos de colonización y salvajismo, en que millones de africanos encontraron pronto la muerte tras ser arrancados por la fuerza de la tierra que los vio nacer, para trabajar como esclavos en la América y el Caribe, encontramos una de las razones del compromiso asumido por la Revolución cubana de ayudar, en la segunda mitad del siglo XX, a los movimientos de liberación nacional en el continente africano, como pasó en Angola, en la guerra por su definitiva independencia.
Cuba dio su aporte, su gota de sangre, junto a los hermanos africanos en esa noble y convulsa historia, de la que tampoco se deben olvidar la influencia de África en el Caribe —y el compromiso que ello implica con nuestras raíces—, además de la lucha contra el estigma y la discriminación racial, por lo que hay que continuar trabajando.