Turismo sostenible: para el bien de la humanidad

En muchos lugares del planeta existe la voluntad de desarrollar actividades turísticas respetuosas del medio natural, cultural y social, pero los resultados no siempre son los mejores
Por Carlos Heredia Reyes
Una noticia publicada a principios de 2016 en medios informativos internacionales dio cuenta que Italia planeaba reducir drásticamente la cantidad de turistas que visitan “Cinque Terre”, una de las zonas más bellas de la Riviera Liguria, con el fin de preservarla.
Y es que ese pintoresco rincón, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, recibe cada año más de dos millones y medio de visitantes, sobre todo grupos de excursionistas y cruceristas que, literalmente, invaden sus pueblos, y sus habitantes, quienes hartos de aglomeraciones, temen por su supervivencia cultural.
El hecho no nos sorprende pues según cálculos de la Organización Mundial del Turismo (OMT), el pasado año las malas prácticas de viajeros y operadores generaron daños por cerca de 50.000 millones de dólares, todo lo cual está en contraposición con la aspiración de promover el llamado turismo sostenible.
Además del impacto del vertiginoso desarrollo hotelero, en cuanto al uso que demandan de recursos naturales como el agua y la energía, se suma la proliferación de aerolíneas y nuevas rutas.
Un gran porcentaje de las compañías aéreas son conscientes de las necesidades de desarrollar tecnologías que disminuyan la generación de emisiones, sin embargo, de acuerdo con el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la Unión Europea, esta industria aporta alrededor del cinco por ciento de las emisiones de CO2 que se generan en el mundo, y en 50 años esta cifra podría multiplicarse por tres.
En muchos gobiernos e instituciones está la voluntad de desarrollar actividades turísticas respetuosas con el medio natural, cultural y social, y respetando los valores de una comunidad, que permite disfrutar de un positivo intercambio de experiencias entre residentes y visitantes, sin embargo, en la práctica no ocurre así.
Los datos acerca de las consecuencias del turismo son contradictorios. Por una parte tenemos claras repercusiones positivas: creación de empleo, incremento de ingresos económicos, disminución de migraciones por falta de trabajo, mejora del nivel cultural de la población local y apertura a costumbres más libres, intercambios culturales en ambos sentidos, de modos de vida, sensibilización de turistas y población local hacia el medio ambiente, etc.
Por otra parte están las consecuencias negativas, tan importantes como las anteriores: incremento en el consumo de suelo, agua, energía, destrucción de paisajes, aumento de la producción de residuos y aguas residuales, alteración de los ecosistemas, introducción de especies exóticas de animales y plantas, inducción de flujos de población hacia poblaciones turísticas, aumento de incendios forestales, tráfico de personas y drogas, etc.
Se hacen necesarias medidas efectivas para lograr que, como reclama Naciones Unidas, las actividades turísticas se organicen en armonía con las peculiaridades y tradiciones de las regiones y paisajes receptores, de forma que se proteja el patrimonio natural que constituyen los ecosistemas y la diversidad biológica y, debemos añadir, cultural.
Los tipos de turismo mayormente referenciados como sustentables son: el ecoturismo, el turismo solidario y el turismo comunitario.
El caso de Cuba
Pero un mismo modelo no tiene efectos similares sobre sociedades diferentes. Su impacto varía dependiendo el contexto de la sociedad anfitriona, así como sus características endógenas sociales, políticas y económicas.
Tradicional destino de sol y playas, Cuba fomenta el desarrollo del sector apoyado por la belleza de sus costas, su exuberante naturaleza, la riqueza de su cultura y tradiciones.
Unido a ello, cobra cada vez más relevancia la conservación del entorno y la explotación de los diversos destinos turísticos sin comprometer el medio ambiente.
Ciudades con abundantes exponentes de la arquitectura colonial, hoteles vinculados a la actividad de la plástica, sitios patrimoniales y un amplio calendario de celebraciones y festividades conforman la oferta para la industria turística del país.
La isla también encuentra en su geografía espacio para los amantes de la naturaleza, al sumar así valor agregado a un sector que muestra una tendencia a la expansión.
Expresión de su voluntad dirigida a resolver los problemas que gravitan sobre el turismo sostenible es que Cuba será sede del IV Seminario Internacional de Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad, un evento que reunirá del 21 al 23 de septiembre próximo a investigadores de todo el mundo, para coordinar acciones y divulgar las mejores experiencias en el tema.