Siempre merecer la primavera

4 de abril
Foto Félix Rubén Alomá

Era el 4 de abril de 1961: justamente 15 días antes de que en las arenas de una playa se rubricara una histórica victoria. Nacía la organización pioneril

 

Por Rosa Pérez López rbperez@enet.cu

Han pasado 55 años desde que por primera vez en Cuba a la primavera le germinaran pañoletas, que entonces eran blanquiazules como las franjas de la bandera más amada, y boinas tan rojas como el triángulo que sostiene el fulgor de la estrella solitaria. Era el 4 de abril de 1961: justamente 15 días antes de que en las arenas de una playa se rubricara una histórica victoria, para seguirle asegurando a nuestra infancia la sonrisa.

Y fue exactamente 12 meses después, cuando los jóvenes cubanos hicieron causa común enrumbando sus anhelos y ajustando su andar al paso de los tiempos, y a otro 4 de abril le brotaron mochilas avitualladas de sueños y sacrificios, recogidas de café y escaladas al Turquino. Esos mismos jóvenes que medio año después, en un octubre insomne tras las piezas de artillería y frente al Malecón de sus últimos juegos y sus primeros romances, aguardaban serena y firmemente al agresor que presagiaba un holocausto nuclear para las ilusiones de nuestra juventud.

Ha pasado desde entonces mucho tiempo y varias han sido las generaciones donde se ha renovado el compromiso que pactara y seguirá pactando con la historia cada 4 de abril. Ha pasado desde entonces mucho tiempo y siempre habrá razones para evocar esas porciones de niñez y juventud que se fueron quedando de a poco en acampadas y fogatas, trabajos voluntarios y misiones internacionalistas, madrugadas de vigilia y noches de conciertos multitudinarios sin otras candilejas que el titilar de las estrellas.

Ha pasado desde entonces mucho tiempo y quién sabe cuántos cubanos hoy evoquen el triángulo de tela que antaño llevaron anudado al cuello con orgullo, o ese pequeño y honroso documento donde Mella, Camilo y el Che se les volvieron inspiración y ejemplo. Y tal vez rememoren ante sus hijos y sus nietos esas inolvidables y lejanas experiencias, que al paso de los años han cobrado dimensiones de leyendas, y hoy sea preciso reverdecer como nunca antes, con el esmero y la constancia que pone la primavera en garantizar la continuidad de sus retoños.

Porque serán en el futuro otras generaciones las que mantengan florecidas las conquistas y esperanzas por las que se combatió hasta la victoria en una playa en el ´61, y un año y seis meses después se afrontó valientemente el peligro de una catástrofe nuclear. Serán en el futuro otras generaciones las continuadoras de una historia que con sus glorias y grandezas, con sus complejidades y asperezas, nos ha conducido sin claudicaciones a este 4  de abril,  y nos ha forjado cada día en el arduo y sublime oficio de merecer la primavera.

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