Bolivia continuará la lucha por su soberanía

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Lo más importante es saludar al pueblo boliviano por esta vocación democrática, señaló el presidente boliviano, Evo Morales. Foto: ABI

El pueblo boliviano dio su aprobación al NO en el reciente referendo constitucional, lo que impide la repostulación del presidente Evo Morales en los comicios del 2019

 

Por Mariela Pérez Valenzuela

El presidente Evo Morales y su vice Álvaro García-Linera quedaron de manos atadas para volver a postularse en esos cargos en los comicios marcados para 2019, cuando concluyan su actual mandato, ya que ganó el NO en el referendo constitucional del pasado domingo por solo tres puntos porcentuales contra el SI.

Unos 6,5 millones de ciudadanos estuvieron convocados a la consulta solicitada por los movimientos sociales al Congreso Nacional para que el binomio del Palacio Quemado tuviera la posibilidad de continuar al frente del gobierno y concluir, en el 2025, la Agenda Patriótica, un plan de desarrollo sostenible para ese país, que en los últimos 10 años revivió gracias al trabajo de los dos políticos, sus ministros y una población que siempre los apoyó con altos índices.

Cuando el primer mandatario de origen aymara asumió el poder en el 2006, Bolivia era el segundo país más empobrecido de América Latina y El Caribe. El primer sitio, que mantiene aún, era ocupado por Haití. Ahora, devenida una República Plurinacional, con absoluto respeto a los pueblos originarios, y gracias a los programas socio-económicos del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por Morales, es uno de los Estados más prósperos de la región, con un crecimiento anual de un cinco por ciento.

Para analistas, Morales y su vice no tenían necesidad alguna de someterse ahora a un referendo, pues aún tienen tres años y medio por delante para asegurarse, después, una victoria en una acción democrática como la realizada el pasado domingo.

Esta consulta permitiría, si ganaba el SI, modificar el artículo 146 de la Constitución Nacional, lo cual asentiría, solamente, que los dos dirigentes se presentaran de nuevo a las urnas, lo cual, por supuesto, no significaría un triunfo electoral. Como no fue aceptado, los líderes gubernamentales, en el futuro, solo podrán cumplir dos mandatos consecutivos.

El ex líder cocalero aceptó participar luego de ganar holgadamente las elecciones presidenciales del 2014. Quizás no valoró en su magnitud el trabajo de la derecha internacional que intenta dar un viraje a la geopolítica latinoamericana, y hace pocos meses se anotó dos triunfos contra dos gobiernos democráticos al colocar elementos derechistas en la presidencia de Argentina (Mauricio Macri), y en más de 100 curules de los 165 de la Asamblea Nacional de Venezuela.

Quedaba claro para los observadores que una organizada campaña contrarrevolucionaria caería sobre el presidente, el que fue acusado, sin pruebas, desde los medios de prensa oligárquicos de supuestos desmanes personales, tráfico de influencia, corrupción y otras mentiras.

Así ocurrió, y las dos últimas semanas previas a la consulta, Morales fue el centro de una campaña tildada de feroz por los expertos para desprestigiarlo ante una población polarizada por una clase media alta, y el campesinado mayormente indígena.

A la continuidad de la batalla antiimperialista en que está enfrascada Bolivia, el reconocimiento de su revés – y aunque el 49 por ciento que se pronunció a favor del SI era el llamado “voto duro”- , se une que los dirigentes del MAS tienen que enfrentar desde ahora además la sustitución de Morales para poder continuar los programas pensados hasta el 2025.

Si Bolivia cayera en manos de la derecha se perdería uno de los ejemplos fehacientes del progreso alcanzado en la última década en uno de los países más discriminados de la región: crecimiento económico, recuperación de recursos naturales, alfabetización de los iletrados, educación y salud gratis, prestigio en América Latina y El Caribe, y en el resto del mundo.

Evo Morales y su gobierno han sido hostigados por Estados Unidos y sus aliados desde el primer día de su asunción, con pruebas contundentes de la injerencia de los gobernantes norteños en los asuntos internos de ese país, con el apoyo de opositores internos.

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