Parque de la Fraternidad, visiones de un enclave variopinto

La ceiba abonada con la tierra de todas las naciones americanas
La ceiba abonada con la tierra de todas las naciones americanas

Sitio marcado por la historia, diseñado según trazado de Forestier y ambientado por el “sonido” de cláxones de los autos habaneros, el Parque de la Fraternidad posee ángeles y demonios

Escrito por Ortelio Rodríguez Alba    alba@bellasartes.co.cu

Un sitio marcado por la historia y la producción artística y matizado gracias al trazado de Forestier y al “sonido” diario de cláxones de autos habaneros es el Parque de la Fraternidad. Espacio urbano teñido por el imaginario popular como sitio rendido a ángeles y demonios.

Nuestro ciclo de grandes obras constructivas en la ciudad continúa con uno de los exponentes más destacados del paisaje urbano de La Habana moderna: el Parque de la Fraternidad. Objetivo de fotógrafos, locación de múltiples video clips y escenario de numerosos textos dramáticos o películas, por ejemplo la reciente Fátima (2014), este sitio constituye inspiración para muchos y permanente inquietud para otros.

Lo cierto es que en él confluyen diversas expresiones de la identidad cubana, tan variopintas y eclécticas como los eventos y planes que antecedieron al parque, previo a su concepción. El proyecto de un zoológico y hasta la ascensión de Matías Pérez en el globo aerostático han permeado la historia del maravillo jardín, otrora Campo de Marte.

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El Parque de la Fraternidad

Tras la sucesión de intermitentes funciones, no fue hasta 1928 que el área tuvo una proyección e imagen definitivas. El ilustre arquitecto francés J.C.N. Forestier (1861-1930) visitó La Habana y, justo dos años antes de fallecer, creó esta obra paisajística de exquisito diseño. Un conjunto de parques de grandes y pequeñas dimensiones, que alterna con zonas verdes, y mobiliario adecuado (bancos y farolas) en consonancia con el espacio para el reposo, son características distintivas de este lugar construido para el esparcimiento y la socialización.

No todos los habaneros lo frecuentan con tales objetivos, sin embargo, conocen la motivación de su nombre original. El “Parque de la fraternidad americana”, con más de 80 años de fundado, debe la inscripción a la VI Conferencia Internacional Americana que organizó nuestro país. La ceiba flanqueada, la más próxima a la fuente de Indias, no siempre perteneció a ese terreno, sino al barrio del Cerro. El árbol, sin embargo, fue trasplantado el 24 de febrero de 1928 al parque, y abonado con la tierra de todas las naciones americanas que participaron en aquella conferencia. La impronta del suceso y, sobre todo, la unión del continente atraviesan la identidad de la Plaza o Parque de la Fraternidad.

Más tarde, la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales encauzó la colocación de bustos de figuras trascendentales en la liberación de nuestro continente, como Simón Bolívar, el Libertador; Benito Juárez, Benemérito de las Américas; Toussaint Louverture, líder de la revolución antiesclavista en Haití y Bernardo O´Higgins, impulsor de la emancipación chilena.

Llama la atención las visiones históricas que alberga también este parque, si atendiéramos a los hechos antes protagonizados por la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales y los desarrollados por el Capitán General Miguel Tacón (18341838). Este último erigió, en el siglo XIX, gigantescas puertas según los puntos cardinales a las que rotuló Cortés, al Norte; Pizarro, al Sur; Tacón (en su honor), por el Este; y Colón, al Oeste. El presente en defensa de la liberación y el pasado interesado en perpetuar la conquista.

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