El gesto pictórico de Yasmani Jomarrón Fernández

Solo he querido plasmar mis impresiones sobre un novel artista cubano que expresa con honestidad su mundo íntimo
Escrito por Ortelio Rodríguez Alba alba@bellasartes.co.cu
¿Qué sucede cuando los sueños se confunden con las realidades y las manos no nos alcanzan para apartar lo fijo de lo volátil? ¿Cómo afrontar la vida si esta se nos muestra caprichosa en su devenir y solo intuimos que un gesto puede ayudarnos a comenzar el día?
Confieso que el arte pictórico de Jomarrón me ha sacudido. Me sorprende más su pintura tras conocerle como ser humano y sospechar algunas de sus verdades íntimas. Tímido y audaz, al mismo tiempo, sus pinceladas traducen una condición emocional avasallante. Me cuesta creer que un chico tan joven -recién graduado de la notable Academia de San Alejandro-, ofrezca un registro cuyas pulsaciones atraviesan íconos de espíritus atormentados y sublimes como Van Gogh, Dalí o algunos de los expresionistas alemanes. Porque su mirada es tierna….Pero su gesto al mirar es hondo, de cincel que no teme a la dureza de una roca y se expande dispuesto al corte.
Me hechiza más que esa mirada se desdoble en líneas equidistantes: figuración y abstracción y que lo haga sin sobresaltos, -aparentemente-, como si su actitud psicológica no se estremeciese, en modo contrario a lo que sucede con sus figuras, objetos y símbolos, cuyos trazados dejan una estela de extrañezas turbadoras para quien se decide a mirar. Convengamos en que mirar es una opción y, por tanto, un acto cómplice.
Dueño de un trazo firme, al mismo tiempo parece vacilar, como si en el instante de la creación se preguntase y contestase para regresar, finalmente, al inicio de la incertidumbre honda. Siento que se replantea constantemente el gesto, la idea, y sus manos empuñan un pincel que no pocas veces me recuerda el instrumento de un escultor. Al menos en el modo de aprisionarlo…Así nacen sólidas estructuras matizadas por una paleta contrastante de colores que se niegan a la definición fisonómica, naturalista y exacerba el gesto, muchas veces devenido contorsión, abultamiento, contraste. Otras veces son imágenes sostenidas a base de valores las que capturan el motivo elegido.
Yasmani también ha incursionado en la escultura. Lo ha hecho con acierto .Y muchas veces de sus manos han brotado verdaderos artefactos híbridos con aliento instalativo. Allí están sus sugerentes cafeteras dispuestas al vuelo con alas de Pegaso. ¿Viajes al interior de nuestras conciencias o tal vez juego imaginativo de acento alegórico?
No pretendo clasificar su obra. Cometería un acto hereje: Solo he querido plasmar mis impresiones sobre un novel artista cubano que expresa con honestidad su mundo íntimo, ese que solemos encerrar en cofres herméticos. Él lo ha puesto al alcance de quien se atreva a mirarle de frente, sin rubor, sin falsos espejismos.
Porque también así parece ser su corazón: una fruta puesta a frutecer en otoño.