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Zoraida Rojas Pino, Maestra con mayúscula.
Zoraida Rojas Pino, Maestra con mayúscula.

Zoraida Rojas Pino a los 84 años de vida, sigue dando clases

Escrito por Nury Torres


Tiene 84 años y nada en el mar junto a antiguas compañeras de trabajo. Zoraida Rojas Pino es una mujer extraordinaria, a la que la salud -y dice “Dios mediante”- la ha acompañado siempre, quizá por esa voluntad de acero y por la capacidad de comunicación que tiene, como ella refiere, “con las viejas de su época”, pero también por el ejercicio tan completo que es nadar.
Y agrega que “mantiene su mente fresca” pues da clases en la escuela Presidente Allende, ubicada en Boyeros, en la que la reciben los jovencitos que se forman como maestros de la enseñanzas primaria, preescolar y profesores de inglés.

Zoraida entrega su magisterio como lo aprendió desde que era una niña, con vocación y amor, porque es como único se obtienen los resultados en la vida -asegura.
Y es que es fundadora de la Universidad de las Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, sita en el municipio de Marianao, y es también fundadora de la Cátedra del Adulto Mayor, que nació en nuestra Universidad de La Habana.

Zoraida: alfabetizadora
Cuando tenía 29 años fue a alfabetizar. Su objetivo, como el de muchos, era la Sierra Maestra; pero había una comunidad de haitianos y jamaicanos en Esmeralda, Camagüey, e hicieron falta que ella y las seis alumnas que tenía a su cargo asumieran su alfabetización. Le dijeron que “aquellos viejitos habían sufrido las más grandes humillaciones, como negros, como extranjeros, como analfabetos“, en fin, la hora de ayudarlos había llegado en 1961.

“Me decían mallestra o ticher”
Aquellas personas estaban carentes de amor, de afecto. Aprendieron muy poco el alfabeto castellano, pues hablaban dialectos, además de inglés y francés; pero aprendieron a firmar y le hicieron la carta a Fidel, al finalizar la Campaña de Alfabetización, el 22 de diciembre de 1961.

Usaban perfumes enervantes
Las clases las daban por las noches, entonces vestían sus mejores atuendos y se untaban unos perfumes elaborados con hierbas, que despedían fuertes olores, pero eran tan, pero tan buenas personas, y estaban tan encantados con nuestro cariño, que valía la pena el sólo hecho de estar cerca de ellos, entendiéndonos como pudiésemos.

Aquellos brazos negros diciéndonos adiós
Cuando partimos comimos como nunca. Una cantidad de tamales que hicieron en el cazuelón donde hervían las hierbas y apresuraron sus brazos para abrazarnos, y corrieron al camino, de donde salíamos en carretas para la ciudad. “No podré olvidar aquellos brazos negros diciéndonos adiós”.

Zoraida Rojas Pino tiene una hija, dos nietos y dos bisnietos. Su hija la premió haciéndose Licenciada en Educación en la especialidad de Español. Vive en Centro Habana, y, todavía, si usted la quiere encontrar, la ve dando charlas y clases en la Allende, sobre: culminación de estudios y Fundamentos de la Pedagogía.

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