Juramento Hipocrático: plena vigencia para la ética médica

Frecuentemente medios informativos destacan el prestigio, consagración y altruismo de los profesionales cubanos de la salud, en la atención a las poblaciones más recónditas de decenas de naciones
Escrito por Carlos Heredia Reyes
No se puede negar que las buenas actitudes y principios de nuestros médicos, enfermeros y técnicos de la salud en gran medida tienen su origen en la cabal formación que reciben durante sus estudios, en los cuales se les habla de la vigencia de las aportaciones de ese importante médico griego conocido por Hipócrates.
Hipócrates nació en la isla de Cos, frente a la costa de Asia Menor, hacia el año 460 a.C. y fue un médico-sacerdote, como antes que él lo habían sido su padre y algunos miembros de su familia.
Los hospitales de la época eran templos cuidadosamente elegidos para obtener las mejores condiciones de aire, luz, agua y abrigo contra los vientos fríos, y estaban rodeados de pórticos, donde se disponía a los enfermos. Estos imploraban el favor de los dioses al mismo tiempo que eran curados por Hipócrates y sus discípulos.
Él basaba sus afirmaciones en la observación y descripción detallada de los hechos; se guiaba por la razón, observó los síntomas y los signos de las enfermedades con mucho detenimiento, y fue uno de los primeros en rechazar las supersticiones, leyendas y creencias populares que señalaban como causantes de aquellas a las fuerzas sobrenaturales o divinas.
Separó la disciplina de la medicina de la religión, creyendo y argumentando que la enfermedad no era un castigo infligido por los dioses, sino la consecuencia de factores ambientales, la alimentación y los hábitos o estilos de vida.
Hipócrates hacía jurar a sus discípulos que respetarían a su maestro como a un padre, que compartirían generosamente entre sí sus observaciones y que se conducirían en su arte con una absoluta honorabilidad.
En esa época se confeccionó el primer escrito ético relacionado con el compromiso que asumía la persona que decidía curar al prójimo: el de actuar siempre en beneficio del ser humano y no perjudicarlo. Se trata del llamado Juramento Hipocrático.
En los primeros años de las carreras de Ciencias Médicas se les habla a los estudiantes sobre ese antiguo juramento, que durante siglos han realizado los profesionales de la salud en sus ceremonias de graduación, y resulta fundamental para la ética y deontología de la práctica médica.
Fue atribuido a Hipócrates en la antigüedad, aunque investigaciones más modernas indican que podría haber sido escrito después de su muerte, pero por su extraordinario valor y vigencia fue actualizado por la Declaración de Ginebra de 1948.
Dicen algunos de sus párrafos:
“En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad; conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento a que son acreedores; desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad; la salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones; respetaré el secreto de quien haya confiado en mí, mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica”.
También señala que “no permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase; tendré absoluto respeto por la vida humana, desde su concepción, y aún bajo amenazas no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad”.
¡Cuántos principios éticos y revolucionarios como los antes señalados están presentes en muchos de nuestros profesionales de la salud, en esos miles de colaboradores internacionalistas y en los otros tantos miles de jóvenes formados por Cuba para salvar vidas y curar enfermedades en cualquier rincón del mundo!