La Habana aun permanece seca

agua
Alrededor de 84 mil personas recibieron el servicio a través de carros cisternas, las llamadas pipas.

La baja disponibilidad de sus principales fuentes de abasto, amén de las lluvias de los últimos meses, es prueba irrefutable de que el ahorro y cuidado del agua debe ser preocupación  de todos

 

Escrito por Inés Maria Miranda   inesm@enet.cu

El fenómeno de la sequía en esta capital persiste y sus efectos, en el caso de La Habana son equiparables a los del 2009, año en que sus fuentes de abasto descendieron a niveles críticos y afectó a más de un millón de sus habitantes.

La incidencia negativa en la provisión de agua no ha sido más grave de lo que ahora se presenta, gracias a la adopción de medidas y acciones como inversiones en obras hidráulicas que permiten la estabilización del servicio en determinadas zonas o la supresión de salideros en conductoras principales para evitar que se dilapide la mayor cantidad del líquido.

También, entre otras, la rehabilitación de más de 500 kilómetros de redes en los últimos tres años; la instalación progresiva de metro-contadores, que propiciará el control del agua en el sector estatal y también residencial, así como estrategias concebidas en ramas de la economía altamente consumidoras como es el caso de la Agricultura.

Estar preparados siempre en las mejores o más adversas condiciones- exhortación de las autoridades de la Defensa Civil- en el enfrentamiento a la sequía, es premisa incorporada ya como un hecho en esta capital, donde es voluntad y exigencia ante este evento natural cada vez más frecuente y prolongado.

En el periodo húmedo, que recién culminó, solo se registró el 73 por ciento de la media histórica de precipitaciones, que mantuvo entre crítico y desfavorable los niveles de disponibilidad de los principales embalses de la ciudad.

Esta vez, gracias a los programas hidráulicos en ejecución, estuvieron afectadas directamente por déficit de agua solo unas 50 mil personas, mientras que alrededor de 84 mil recibían el servicio a través de carros cisternas, las llamadas pipas.

A pesar de igual severidad del fenómeno climático, respecto al año 2009, las cifras demuestran diferencias en la reducción de su nocivo impacto en el suministro de agua y ello ha sido posible, insisto, por el proceso inversionista y el impulso que ha tenido el programa en los últimos tres años, como significó el representante del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos en La Habana, ingeniero Javier Toledo Tápanes.

Claro está, que no puede faltar en los propósitos, la producción y surtido de herrajes con precios accesibles, continuar y elevar la labor educativa en pro del ahorro y preservación del recurso agua y medidas punitivas a los grandes derrochadores.

Expertos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos informaron que los acumulados de lluvia, en los dos últimos meses- octubre y noviembre-, cercanos a lo previsto, posibilitan al país enfrentar en mejores condiciones el periodo seco. La Habana, en particular, no está entre las provincias favorecidas, aunque haya visto llover con frecuencia en su territorio que le permite sí cierto alivio.

También precisaron que solo tiene buena disponibilidad (un 70 por ciento de su capacidad) el sistema de presas Coca-ZarZa-Bacuranao, abastecedoras del este de la ciudad, y ello gracias al trasvase Jaruco-la Coca, obra realizada con anterioridad que permite mantener los niveles adecuados en esos embalses, a pesar de los déficits de lluvia.

En concreto, dado los bajos niveles, aunque ya no críticos, de sus principales fuentes de abasto, superficiales y subterráneas, recomiendan mantener elevada la percepción de riesgo, pues esta capital sigue en severa sequía, episodio climático que solo podrá revertirse con abundante lluvia, ahí está la esperanza.

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