La belleza tras el silencio

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Declarado Monumento Nacional, constituye el mayor camposanto del continente americano

La Necrópolis de Colón se viste con quietud blanca, casi perturbadora para quien sepa contemplarla. El silencio de este lugar a veces esconde misterios capaces de resonar hasta ensordecer

 

Escrito por Ana Margarita Sánchez Soler asanchez@enet.cu

El silencio a veces esconde misterios capaces de resonar hasta ensordecer. Un lugar de esta ciudad se viste con quietud blanca, casi perturbadora para quien sepa contemplarla. En él muchos dejamos recuerdos tristes y también nos hemos regocijado con una belleza moldeada en mil formas. Querubines, cúpulas, cruces, relojes de arena captan la atención del visitante que llega al Cementerio de Colón.

La Necrópolis fue inaugurada en septiembre hace 143 años, aunque su funcionalidad data de casi dos décadas antes. Con el propósito de sustituir al vetusto Cementerio de Espada comienzan a establecerse nichos en el espacio que hasta la actualidad ha sido sitio para el descanso. El emplazamiento además de poseer valor práctico atestigua la obra concebida en el siglo XIX por sobresalientes escultores y arquitectos. Ello convierte al cementerio dedicado a Cristobal Colón en un sitio con valor histórico y museológico.

Declarado Monumento Nacional, constituye el mayor camposanto del continente americano y uno de los más imponentes de todo el mundo. Basta con apreciar la majestuosidad de su pórtico principal para colmar de conmoción nuestros sentidos. Aquel que se aproxime por vez primera al Cementerio de Colón, encontrará a la entrada una estructura capaz de avizorar la belleza emanada de tanto sosiego.

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Vista de La Necrópolis de Colón

Lugar enigmático es sin dudas la Necrópolis que ha preservado por más de un siglo sorprendentes leyendas. Algunos con verdadera devoción se apropian de historias milagrosas que difunden entre generaciones. Otros más incrédulos, prefieren entender las fabulaciones surgidas en el cementerio como auténtica combinación de religiosidad, superstición y tradiciones. ¿Quién no ha escuchado el mito de La Milagrosa? ¿Y cuántos no han cambiado el final a esa y otras tantas fábulas surgidas entre piedra y mármol de Carrara?

Es muy probable que un sentimiento sombrío caiga sobre el transeúnte que pretenda desandar las calles de la Necrópolis. Sentir melancolía al recorrer estos senderos no es de extrañar, es más bien un indicio de sensibilidad. En cada jardín resplandecen la paz y una invitación para explorar lo hermoso esculpido en roca. Ciertamente el Cementerio de Colón es sitio para evocar despedidas, pero también para iniciar la marcha por un cúmulo de antepasados repletos de arte.

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