La Habana y sus personajes: Chori

Cuando la capital de todos los cubanos festeja sus 496 años, un acercamiento a los personajes que han marcado su existencia en la villa fundada por Diego Velázquez, es un andar por los caminos del pasado
Escrito por Noel Martínez Martínez
Uno de esos personajes es Silvano Shueg Echavarría, un nombre que por si no despierta mucho interés, pero si se habla de Chori, la historia es otra, en particular para la música popular surgida y cultivada en los barrios más pobres.
Nacido en Santiago de Cuba en 1900, Chori marcó un largo andar por diversas agrupaciones musicales hasta recalar en La Habana en 1927, donde su magisterio como percusionista hizo historia.
Con dotes excepcionales para la percusión, Chori hizo de la Playa de Marianao -al oeste de La Habana- su principal escenario, presentando su arte en cabarets y centros nocturnos de poca reputación, pero donde los entendidos dicen se hacia la mejor música popular de la época.
Tierra de noctámbulos, bohemios y filibusteros de la noche, la Playa de Marianao disfrutó de la maestría de ese hombre que sacaba sonido no solo de sus tambores, usando también botellas, pedazos de metal, piezas de automóviles y cuanto objeto fuera capaz de emitir sonidos.
Su debut por aquellos parajes fue en el club Tres Hermanos, donde de manera improvisada presentó su espectáculo con botellas con agua y otros artificios sonoros.
Clubes de entonces como Ranchito, Pennsylvania, El Paraíso, La Taberna de Pedro, la Choricera y otros más, vieron pasar por su escenario a Chori, quien fue convirtiéndose en una leyenda entre los asistentes a sus espectáculos de excéntrico musical.

Fue tal la popularidad del Chori que artistas de la talla internacional de María Félix, Agustín Lara, Barbarito Diez, Ernesto Lecuona, Pedro Vargas, Benny Moré y Rita Montaner llegaron hasta la Playa de Marianao para conocerle; pero no fueron los únicos, otros personajes como los mafiosos Meyer Lansky y Lucky Luciano, el escritor Ernest Hemingway y los actores Gary Cooper y Errol Flynn también quedaron fascinados por la actuación del Chori.
En 1958 el conocido actor Marlon Brando, quien visitaba La Habana, quedó impresionado con el Chori y le propuso llevarlo a Hollywood. Cuentan que a punto de la partida, el Chori salió a tomar un café y nunca más apareció, regresando poco después a sus escenarios naturales en Marianao.
Si bien su música le gano el afecto y lo convirtió en una leyenda, otro detalle de su proceder también le valió notas de popularidad.
A modo de promoción y con una tiza escolar, paredes, aceras y calles quedaron estampadas con su nombre artístico -Chori- , por eso muchos hoy lo consideran como el precursor en Cuba del “grafiti” contemporáneo.

El Chori se mantuvo en los cabarets de la Playa de Marianao hasta 1963, cuando las transformaciones desarrolladas por la Revolución fueron borrando del paisaje aquellos centros nocturnos de “mala muerte”, entonces se unió a la agrupación Los Tutakamen, integrada por músicos viejos que acostumbraban a participar en una peña musical en la conocida Esquina de Tejas.
Retirado de los escenarios, Chori se refugió en un cuarto del solar de la calle Egido No. 723 de La Habana Vieja. Algunos lo recuerdan caminando por el Parque Central, los portales de la Manzana de Gómez y la Terminal de Trenes.
En abril de 1974 murió Silvano Shueg Echavarría, conocido como Chori.
El tiempo fue disolviendo sus huellas en la memoria colectiva, y hoy para algunos es un desconocido, aunque a decir verdad la historia de la música cubana y en particular de La Habana no puede escribirse sin colocar en grandes caracteres el nombre de Chori.
Tomado de Radio Reloj