La burocracia: ese mal que tanto corroe

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En Cuba, más que un problema estructural, es un fenómeno que ha atacado la cultura de servicios a los ciudadanos

Escrito por Carlos Heredia Reyes

 

“Cuando salió la noticia oficial de que el Instituto de Planificación Física sustituiría a Vivienda en lo referente a los trámites con relación a tan importante problema de la población, la acogí con gran satisfacción, pues pensé que al fin disminuiría el papeleo, los trámites burocráticos y las demoras en la solución de los problemas de que tanto había oído hablar, pero creo que me equivoqué. A mi juicio todo ha ido para peor y muy en concordancia con lo tratado en la Mesa Redonda de la televisión el viernes 19 de junio denominada El burocratismo sobre la mesa”.

Así comenzaba su carta el lector Luis M. Delgado Méndez, de Nuevo Vedado, en La Habana, publicada el 16 de julio último en la sección Cartas a la Dirección, del periódico Granma, en la que denunciaba que el referido organismo había adicionado un trámite para realizar los procedimientos notariales con vistas a la obtención de un nuevo título de propiedad y a partir de ahí llevarlo al Registro Notarial.

Pero tras varios meses de gestiones aún no había resuelto su problema, entre otras causas, porque “no contaban con los recursos humanos y materiales imprescindibles para realizar esa labor”.

Como dato adicional, en la entrada de la Dirección Municipal de Plaza hay un papel en la pared que dice más o menos: ‘El director solo atenderá a las personas los miércoles de 1 a 5 de la tarde. En otro horario no se atenderá a nadie. No moleste para poder servirle mejor’.

“Tal parece que sigue existiendo el criterio de algunos funcionarios de que deben organizar su trabajo en función de sus necesidades y conveniencias y no de los que deben recibir su servicio”, concluía su carta Luis M. Delgado Méndez.

Mas, ¿en cuántos lugares, espacios o murales hemos leído carteles como este?:

“Documentos que debe presentar para realizar herencias de tierra: escrito de promoción con sello de cinco pesos, certificado de defunción, certificación de matrimonio, certificación de nacimiento, aval de la CCS (Cooperativa de Crédito y Servicios) a que pertenece, aval del presidente de la ANAP…”

La petición innecesaria de certificaciones de nacimiento, sin tener en consideración los datos que se expresan en el carné de identidad, es otro síntoma común de muchas instituciones cubanas.

Trámites sencillos como la actualización de contratos para los servicios de gas licuado o electricidad, matrículas en las escuelas o la participación de menores de edad en eventos deportivos, pueden resultar sumamente engorrosos cuando se solicita a los interesados ese documento, sin existir una necesidad real.

En una entrevista realizada por el periódico Granma la directora de Notarías y Re­gis­tros Civiles del Ministerio de Justicia, Olga Lidia Pérez Díaz, ella explicó que este organismo ha realizado conciliaciones con las entidades que más recurren en tales hechos y han revisado sus procedimientos, en aras de no cargar a las personas o a las oficinas registrales con trámites innecesarios.

Pero el exceso de solicitudes de documentos, el corre para aquí o corre para allá, vaya y exija que le pongan el cuño y la firma de fulanito de tal…. sigue siendo un mal cotidiano, en medio de resoluciones y medidas dirigidas a enfrentarlo.

Casi a diario tanto la prensa radial, televisiva e impresa, incluida la digital, ha tratado el tema, en el que como señala el colega de Juventud Rebelde Osviel Castro Medel, otra arista inquietante es que la inmensa mayoría de las gestiones solo puede ejecutarse de lunes a viernes en horario laboral, y entonces surge la conocida dicotomía entre el trabajo y la resolución de los problemas, casi todos perentorios.

En realidad no pocas veces el Presidente cubano General de Ejército Raúl Castro ha criticado esa burocracia que corroe los cimientos de la sociedad cubana, e irrita tanto a la población, pues muchas veces no logra solucionarles asuntos por muy sencillos que sean.

¿Es una consecuencia indeseada del control, una fatalidad cubana o un mal endémico del socialismo?, fue la pregunta que intentaron responder periodistas y académicos al tratar en una reciente Mesa Redonda informativa de la televisión y la radio cubanas el asunto de La burocracia sobre la Mesa, que por cierto, y como era de esperar, originó muchas llamadas telefónicas y correos electrónicos de la población.

En un artículo en Cubasí, titulado Burocracia, la colega Cinthya Cabrera Tejera para definir el término recurre al periodista H. Zumbado, “cuyas crónicas me llegaron a través la recopilación editada en 2012 bajo el título ¡Aquí está Zumbado!”:

«…la tendencia, que a veces se convierte en obsesión, por controlarlo todo hasta el más mínimo detalle y, luego, la incapacidad de llevarlo a cabo (…) Un buen burócrata, un burócrata legítimo, pura sangre, espera que las croquetas de Quivicán, por ejemplo, sean igualitas, exactas, a las croquetas de Gibara. Entonces crea modelos, redacta orientaciones y circulares… convoca a reuniones, llama por teléfono… gasta gasolina visitando unidades, exhorta, explica, impulsa, entusiasma y orienta».

En fin ¿cuántas veces una gestión se retarda más de lo convencional —que no es poco como regla— porque primó la desinformación por encima de las explicaciones claras? ¿Cuántos tuvieron que acudir, en círculo vicioso, al mismo sitio porque no se les esclareció desde el principio el ciclo del procedimiento y terminaron peloteados?

En Cuba, como muy bien afirma la periodista Cinthya Cabrera Tejera, “más que un problema estructural, es un fenómeno que ha atacado la cultura de servicio de los ciudadanos. Por una parte, de esos cuya función es brindar servicios y por otra, de aquellos cuyo derecho es recibirlos. Hay una fractura en el vínculo de dar y obtener, en parte, causada incluso por la ausencia de un conocimiento real y consciente de las vías establecidas para exigir un derecho”.

 

 

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